40 | Apagón
Diego
— Actuáis el próximo domingo, a las diez de la noche. Si tenéis cualquier duda podéis preguntarme. ¡Os veo el domingo!
Faltaban menos de dos horas.
Me miré por decimoquinta vez al espejo, para comprobar si la camisa tenía alguna arruga más; y el pelo estaba en condiciones.
Era la primera vez, desde que crecí, que me sentía nervioso con tanto tiempo por delante. No me consideraba una persona nerviosa, solo sentía el vértigo de la adrenalina, cinco minutos antes de salir. Siempre.
Pero ese día, llevaba desde la mañana con unos extraños nervios en el estómago. Me cosquillean las manos, quería estar en un abrir y cerrar de ojos encima del escenario con Julia.
Quizá, los nervios tenían más que ver por ella que por mi.
— ¿Estás preparado?
Mi abuela asomo la cabeza por la puerta de mi cuarto, vestida de color lila y con un tocado que le quedaba precioso.
— Abuela, que guapa te has puesto.
— La ocasión lo merece — sonrió —. Y deja de mirarte al espejo, ¡que te vas a desgastar! — dijo, dándose la vuelta.
Me reí ante su comentario.
— Enseguida voy.
Negué con la cabeza mientras me reía de mí mismo. Suspiré, y me senté en la cama. Tenía la guitarra preparada y guardada en la funda.
Suspiré de nuevo, y obligué a mi cuerpo a levantarme para no apalancarme ahí. Fui directo a la cocina para prepararme un té.
¿Un té? No me lo creía ni yo. No tenía nada mejor que hacer así que preparé la cazuela para hervir el agua.
Estaba deseando compartir lo de esa noche con Julia, no podía esperar más. Mi cabeza construía miles de dudas que intentaba apartar, por ello el té.
Para mi esto no era fácil. Iba a compartir un momento íntimo con la persona que lo era todo para mi. Me costó darme cuenta de ello, y la tuve delante de mis narices todo ese tiempo. Pero no fue hasta que desapareció que entre en razón.
Julia fue la primera persona que me ayudó a sentir. No lo digo de una manera platónica, o simplemente sentimental — que también —. Fue la persona con la que lo compartí todo a escondidas de los demás.
Pero eso ya lo sabéis.
No me imaginaba un futuro sin ella a mi lado. Pero el tiempo corría, a la vez que el verano se acababa.
Y se volvería a ir.
Habíamos decidido ir en coches distintos, ya que teníamos que transportar a medio pueblo hasta allí. Necesitábamos todos los coches posibles en funcionamiento, por lo que no la vería hasta llegar allí.
Transporte a mi abuela, a Emilia y Marta. Abuelas y nietos, vaya.
El parking de coches está a rebosar y tuve que dar unas cuantas vueltas para conseguir aparcamiento, los demás lo iban a tener difícil.
— ¿Hemos sido los primeros en llegar? — preguntó Marta, mirando alrededor.
— Sí. Pero creo que ese es el coche de Rodrigo — señale al fondo.
— Sí —. Resopló — ese que saca la cabeza como perro por la ventana sólo puede ser Pablo.
Asentí negando con la cabeza, divertido.
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Haremos ruido desde la luna
Romantik"Fui a escribirte te quiero en la ventana" Julia, con el corazón agrietado, desapasionada hacía sus sueños de niña, con miles de preguntas bajo el colchón; encontró el último regalo de su abuelo. Diego, acompañado de su guitarra buscando su musa por...
