| Carta 3 |

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| Carta 3 |


Querida nieta milagro,

Esta es la tercera carta de nuestro pequeño y último viaje.

Sé que en las anteriores te digo de compartir el viaje con alguien, pero te pido que este lo hagas sola. No por mí, si no por ti.

Y porque te conozco pequeña Julia, te conozco de noche y de día. Sé que esto será lo mejor.

En este instante, deseo con todas mis fuerzas que esto te esté sirviendo para vivir por última vez una de nuestras actividades favoritas.

Sé que estas cartas mayormente tienen el objetivo de que por fin conozcas la historia que construí junto con tu abuela. Mi vida. Nuestra vida.

Pero también se tratan de ti. De tu bienestar.

Es la tercera carta que escribo, y ya estoy con los sentimientos a flor de piel. Pero voy a contener todo en mis adentros, porque todavía queda camino.

Por favor, Julia, recuerda que serás conocedora del fin de mi camino, no del tuyo. Reluce como el diamante que eres, no te escondas.

Estas cartas ya tienen unas instrucciones, muy básicas, que debes cumplir. ¡Que no se te olviden!

Esta parte de la historia quizá no sea lo que esperas encontrar. Pero creo que es igual de importante que las anteriores para llegar al final.

Sí que contiene una cita,

también un lugar,

pero a diferencia de las demás...

en está solo debo de estar.

Dos horas antes, de uno de los mejores atardeceres que viví en mi juventud, estaba dando vueltas por los alrededores del huerto familiar.

Frustrado y sin rumbo en la vida, no veía ningún futuro para mi. Me intenté aferrar a nuevos hobbies que quise hacer míos, probé de todo hasta lo inimaginable para mi; como el pádel.

Jugué a juegos en los que me arriesgué a engancharme. Viví al borde con ese tema y parecía no importarme.

Pasaba las tardes metido en partidas de ajedrez y mousse, y cuando no tenía a nadie a quien retar; echaba el euro a las máquinas.

Y me obsesione con las curvas de esa mujer.

Aburrido de dar vueltas, le tomé la bici a mi hermano mayor, sin ser prestada, y me fuí hasta el mirador pedaleando, (solo podía pensar en todas las maneras que existían para que mi hermano me matara por lo de la bici). Me aseguré de que no tuviera ningún rasguño.

Antes de salir de casa también agarré un viejo cuaderno de cuando asistía a la vieja escuela y me lo metí entre el pantalón y el calzoncillo, junto con un lápiz desgastado.

Amaba el dibujo desde pequeño. Pero entre tantos hobbies nuevos y otras adicciones (que gracias a dios no llegaron a serlo para mal o peor), lo olvidé.

17:44 pm.

Abrí el cuaderno frente a mi, en blanco. Y así, conseguí dejar mi mente.

Perdí la noción del tiempo.

Sin ningún tipo de pensamientos, ni acciones. Solo existía. Y marcaba presencia en el momento.

Y con algo tan simple, conseguí dar un giro 360º en mi vida.

Conseguí la mentalidad, no las acciones Julia. No lo olvides.

La vida no lo deja todo en la palma de la mano.

Llegué a la conclusión de que quería todo lo que no tenía, y dejaba atrás lo que verdaderamente me apasionaba y daba la vida.

¿Me iba a ganar la vida con ello? Puede que no. O si.

Pero igualmente quise lanzarme al vacío.

¿Solo porque no nos van a dar dinero por ello vamos a dejar de hacerlo?

O peor aún... ¿por una persona de por medio?

Julia, el viento me ha pegado por todos lados. Me he tambaleado millones de veces, y en esa mitad de veces me he caído. ¿Y sabes que? Para levantarme me agarraba de mis raíces, pasiones y familia.

El flamenco, el dibujo, amigos y a tu abuela.

Ese día, frente a ese atardecer, me di cuenta de todo. En ese momento no tenía nada, pero estaba en mis manos el poder tenerlo y cambiarlo todo.

Todos tocamos fondo alguna vez. Todos nos equivocamos.

Me puse a dibujar apenas sin luz. Dibujé y dibujé, y hoy en día sigo sin entender el dibujo que creé.

¿Te acuerdas de la botella con ese primer mensaje? (Todavía la sigo teniendo yo, y estoy escribiendo esta carta observándola y recordando). Ahí tienes todo lo que sentí esa tarde noche. Ni yo con los años que tengo he sabido identificar bien que quise decir con ese dibujo. Pero sé que es con el que más orgulloso me sentí; completo y dueño.

Me quedé observando la media luna, y me hice una pregunta en voz baja.

¿La luna tiene sentimientos?

No hay nada correcto pequeña Julia.

Estoy seguro de que ya has conectado con pequeños detalles que se me escapan en las cartas.

Confío en el destino.

Confío en la luz de la luna.

Haz lo que más necesites en el momento que estés leyendo la carta; ríe, llora, grita, canta. Pero primero, pon la mente en blanco, aprende a estar sin más.

Conecta contigo y deja el odio atrás.

Recuerda, la carta solo una vez.

Sigo contigo, pequeña Julia,


De tu abuelo.

Haremos ruido desde la lunaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora