21 | Un te quise

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21 | Un te quise


Julia


1989. 

Cuatro años atrás.

La casa se me caía encima. Cada vez que levantaba cabeza, las paredes estaban más cerca de mi.

Las emociones estaban desbordadas y creía tener el alma vagando por los suelos. Por eso, y por intentar normalizar todo; acepté salir esa noche al pueblo de al lado.

Mi mente no estaba para fiestas pero el cuerpo me lo pedía para no sufrir más. Lo que no sabía era que esa noche las emociones se iban a intensificar, y que lo bueno puede llegar a convertirse en algo malo.

Esperé en el escalón de la entrada a que Diego y los demás pasarán por mi, no aguanté ni un minuto más encerrada entre recuerdos recientes.

No había conseguido dormir más de dos horas seguidas, despertaba del sueño con un sabor agrio en la boca y al comprobar que la realidad seguía siendo peor que los sueños me hundía más.

Las luces del coche me deslumbraron, y empecé a ver manchas.

— ¡Joder, quita las largas! — le dije, frotándome los ojos con cuidado para no arruinar el maquillaje.

— Hola a ti también — me sonrió Diego —. Vamos, sube.

Hice caso, mientras le enseñaba el dedo corazón. Me dedicó una sonrisa genuina y olvidé por completo lo demás.

Saludé a Bea, Rodrigo y Vera que estaban en la parte trasera del coche, y nos pusimos en marcha.

La ubicación de la fiesta era algo lejana y apartada, un sitio a donde no iría sola ni de coña. Era una especie de botellón entre coches.

Cuando nos acercamos al sitió los coches formaban un círculo y alumbraban el centro con las largas. La gente bailaba y bebía en el centro de ellos.

Miré mi atuendo y suspiré, gracias a que hice caso. Cuando me comentaron lo del código de vestimenta no pensé que fuera a ir en serio.

Salí del coche y ayudé a mis amigos con las bolsas, y colocamos todas las bebidas junto a las demás botellas.

Mientras todos hablaban alegremente a mi alrededor, desconecte por unos minutos para espantar a los pensamientos intrusos que provocaba yo misma.

Me asuste, y salí de ese mundo en cuanto alguien me abrazó con ímpetu por detrás.

— Te olvidaste de comentarme qué era eso que escribiste la última vez en mi ventana... — Diego me acusó, divertido.

Sonreí, y levanté una ceja.

— Te lo dije, solo que no me escuchaste — me encogí de hombros.

— ¿Me lo repites ahora? — juntó las manos en un intento de súplica.

— No me acuerdo.

— No te creo. ¿Cómo no te vas a acordar?

— Se me ocurrió la frase perfecta para el estribillo que te falta, pero se me ha olvidado — me volví a encoger de hombros —. Con lo bien que rimaba... — suspiré para fastidiarlo.

— Julia... — gruño, desesperado.

— Que lastima. Lo siento Diego. — Me reí.

Era cierto que no recordaba la frase exacta que le escribí, pero alguna idea tenía.

Haremos ruido desde la lunaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora