[30] [Segunda parte]

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|Actualidad.|

Jimin agachó la cabeza con vergüenza. Todos sus compañeros la miraban, ella lo sabía. Esas malditas y jodidas paredes de papel que rodeaban la oficina de su jefe no obstruía ni el sonido de una mosca, razón por la que todos sabían que se había liado con una que otra secretaria. Un tipo realmente repugnante y egocéntrico, pero fue el único trabajo algo accesible que encontró. Y claro, al comienzo todo pintaba genial hasta que su antigua jefa fue transferida a otra ciudad y contrataron al idiota que le está gritando justo en este momento.

Mordió su labio. Ella ya tenía suficiente con vivir en el mismo lugar que Minjeong para tener que llegar a su trabajo y ser regañada y humillada por un error que el mismo jefe hizo; pero él no admitiría su error, en su lugar culpó a Jimin.

—¡Yoo, estoy hablando! — Jimin jadeó y miró hacia arriba.— ¡Así! Mira de frente cuando te hablan.— Si Jimin no temiera perder su empleo, es probable que le hubiera tirado un buen golpe desde el momento que entró a la oficina gritándole y jalándola fuerte del brazo hasta empujarla dentro de la oficina.— Estas malditas creen que por ser mujeres tendrán todo...— lo escuchó murmurar molesto. Contó en su cabeza, ella podría de verdad darle una fuerte bofetada, pero no era ese tipo de persona. 

Pensó en Minjeong. Ella probablemente lo podría hasta matar. 

La imagen mental la asustó y la distrajo hasta que una pila de papeles fueron arrojadas en su rostro. 

—¡Quiero esto para ayer, Yoo!

Jimin bajó la mirada torpemente y comenzó a recoger los documentos desordenados sobre el suelo. Se levantó con la poca paciencia que tenía para encararlo.— Por supuesto...— quiso preguntar si podía retirarse, pero su boca se sintió seca de repente. 

—¡Solo vete!

Asintió. Hizo una reverencia y salió con los papeles en sus manos. Cuando cerró la puerta suspiró mirando hacia abajo, y luego hacia sus compañeros quiénes miraron rápidamente hacia otro lado. 

Quería llorar. Definitivamente quería hacerlo. 

Cuando llegó a su escritorio su compañera la miró con pena y le pasó una barra de chocolate.

—Es un idiota.— Le murmuró.

Jimin se rió con las lágrimas en los bordes de sus ojos y los cerró antes de expulsar casi todo el aire de sus pulmones, abrió sus ojos y miró a SooYoung.

—Gracias, Joy.

La mayor le sonrió y le dio una palmadita.— No te preocupes, ¿sí? Tu hija te espera en casa, no te amargues por un idiota.— Jimin le devolvió la sonrisa y después de volver a agradecer su hospitalidad comenzó a reordenar ese papeleo y ver qué podía hacer.

...

Cuando salió del trabajo, y después de entregar el mismo documento cinco veces, ya era muy tarde. Fue con miedo en cada paso que daba, nunca se sentía segura, siempre se sentía observada, es posible que ese sentimiento de paranoia se alojara en ella desde que terminó con MinJeong. Quizá.

Vio una sombra pasar hacia un callejón cercano. Comenzó a sudar repentinamente. Buscó en su bolso algo para defenderse, pero solo encontró un pequeño perfume; eso podría servir, o dejar al desconocido con aroma a perfume de oferta. 

No tenía tiempo de temer, debía llegar sana y salva a su casa, no iba a dejar en manos de MinJeong a su hija. Unas manos muy dudosas. 

Pasó por el callejón y roció el perfume en todas direcciones. Pero no había nadie allí. Se sintió aún más patética, probablemente sus horas de sueño le estaban cobrando factura en ese momento. Qué oportuno.

Psycho || WinRina G!PDonde viven las historias. Descúbrelo ahora