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|Minjeong, 17 años.|

Sus puños chocaban contra la pared múltiples veces, incluso vio sangre escurriendo. Pero no le importó y siguió golpeando con odio, ¡¿cómo se atrevía ese imbécil a decir eso de Jimin?!

Trató de golpear a su padre, pero sus pies de quedaron pegados en su lugar cuando él sonrió y le habló sobre su madre.

Simplemente no pudo hacerlo. No podía.

Suspiró, cansada, aunque no sabe exactamente de qué; si de golpear la pared de su habitación o de vivir con esos sentimientos de culpa y enojo. 

Ver a su padre reírse de su incapacidad para defenderse de él le estaba irritando. Podía escuchar su risa aturdir aún sus oídos; esa voz rasposa y que tanto odiaba. Puso sus manos en sus oídos y comenzó a murmurar cosas sin sentido con tal de dejar de escuchar, sus ojos miraron por toda su habitación buscando algo en especifico. 

—Jimin... — murmuró, sus ojos mirando esa sudadera que Karina había dejado en su habitación hace unos días — Jimin.

Limpió sus nudillos sobre su camiseta y agarró la sudadera de Jimin entre sus manos. Aspiró el olor de su perfume de fresas y sintió sus músculos comenzar a relajarse.
Se dejó caer sentada a un lado de su cama mientras su cara seguía hundida en la sudadera, cerró sus ojos e imaginó a Jimin junto a ella. La necesitaba.

Se sentía vulnerable; no entendía cómo pensar en Jimin la hacía sentir bien. Le gustaba su compañía, le gustaba ella y la manera en que las palabras "te amo" se volvieron tan importantes para ella.
Jimin la amaba, no iba a dejarla, ella no lo haría. 

Se levantó torpemente del suelo, dejó la sudadera de Jimin sobre su cama y luego de cerrar bien su habitación comenzó a correr. Su mente solo pensaba en Karina, su Karina, esa chica que la veía como si fuera lo mejor del mundo.

Era tarde, pero sabía que ella no dormía temprano debido a sus estudios. Logró pasarse hasta el patio trasero de su casa, vio la luz de su habitación encendida confirmando sus sospechas; estaba despierta, como si fuera un milagro.

Miró sus manos aún con restos de sangre seca, pero las ignoró. Comenzó tirando un par de piedras hasta que Karina abrió dudosa su ventana y vio a Winter de pie apunto de tirar otra piedra.

—¿Jeongie? — Susurró confundida. Miró a su alrededor e hizo una seña para que la esperara, puesto que sabía que hablarle desde esa distancia podría despertar a sus padres y no quería eso.

Mientras bajaba las escaleras procesando esa visita inesperada, su corazón no dejaba de latir emocionada.

¿Eso no es como esas escenas estúpidas de las películas románticas? 

Se sintió feliz, a veces le sorprendía la actitud de Minjeong, a veces parecía amarla.

Vio la puerta hacia el patio y suspiró, algo nerviosa, ¿por qué había llegado tan tarde? 

Cuando abrió Winter estaba de espaldas a ella, mirando hacia abajo, luego se giró y realmente no esperó ver a su novia con algo de sangre en su camiseta y sus nudillos muy lastimados; sus manos temblaban un poco, aunque trató de ocultarlo.

—¡¿Estás bien?! — Preguntó algo alto, preocupada. 

Winter no respondió y la abrazó—. Dime que me amas, por favor...

Karina frunció el ceño, pero asintió en medio del abrazo; rodeó el cuello de Winter y susurró cerca de su oído, múltiples veces—. Te amo, te amo, te amo...

—¿N-no te vas a ir?

—Nunca. No haría jamás algo así, Jeongie. 

Karina escuchó con atención cada palabra que salía de los labios de Winter, sintiendo cómo su corazón se llenaba de compasión y dolor por todo lo que había pasado. Los detalles desgarradores de la relación con sus padres dejaron en claro las heridas profundas que Winter había llevado en silencio durante tanto tiempo.

Mientras Winter suspiraba, sus ojos perdidos en la distancia, Karina apretó suavemente su hombro y acercandola a ella; como si estuviera transmitiéndole un apoyo silencioso y reconfortante. Aunque no sabía cómo responder adecuadamente, pretendía que ese gesto dijera las palabras que no podía pronunciar: que siempre estaría para ella.

— Y no lloré en el funeral de mi madre; en realidad, no estuve, mi padre me encerró en mi habitación, mientras me gritaba que no tenía derecho a verla porque era mi culpa, así que realmente nunca lo hice... — suspiró— y Rina, he querido matarlo.

Karina tuvo un escalofrío con eso último —. No creo que merezca la pena hacer eso, sólo, eh... — bufó y negó, ¿qué debería decir si su novia decía eso? ¿Había algún tipo de respuesta en realidad? — no ensucies tus manos por alguien así. Pero no niego que es un hijo de pu... —miró al cielo— mi abuela me golpearía con la biblia si lo digo.

Winter sonrió un poco —. No creo que le moleste si lo dices.

Karina le sonrió de vuelta y negó suavemente con la cabeza. Colocó sus manos en las mejillas de Winter para hacerla mirarla directamente a los ojos. La intensidad de su mirada reflejaba determinación y un profundo sentido de conexión.

—Estoy agradecida de conocerte y de que confíes en mí lo suficiente como para compartir tus miedos y tus heridas. Quiero ser tu escudo, Winter, protegerte de todo lo que te ha lastimado y asegurarme de que te sientas amada y segura. 

Sus palabras, que en otro contexto podrían haber sonado cursis o exageradas, resonaron en el aire con un peso profundo y tenebroso. Winter sintió cómo esas palabras se adentraban en su alma, despertando emociones complicadas y contradicciones internas.

Cerró sus ojos, parecía estar teniendo una pelea interna, cuando finalmente abrió sus ojos y vio los ojos de Karina mirarla con tanta determinación, se sintió algo contagiada por ese sentimiento —. He estado pensando en esto un poco — admitió —, creo que te amo, Karina, y eso me asusta porque el amor que siento por ti es peligroso, al punto en que haría cualquier cosa por tenerte conmigo, porque te quedes a mi lado y seas mía.

Karina acercó su frente a la de Winter, buscando una conexión más profunda, como si sus almas estuvieran entrelazadas en ese momento.

—No me importa si amarte es peligroso. Estoy dispuesta a enfrentar al mismo Diablo por ti.

Winter alzó su mano para tomar la mejilla de Karina —. Espero estés segura de eso — susurró sobre sus labios sin apartar su mirada —, porque no pienso dejarte ir.

—Te mataría si lo haces.

—¿Lo harías?

— Con mis propias manos.

Y fue Karina quien cerró el espacio entre ambas, proclamando los labios de su novia.

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Psycho es como un círculo; van de algo bien a algo horrible y regresan a lo bien para terminar mal, un ciclo. 

¿Eso sería un spoiler? Muy probable.

...

En la vida real estoy esperando que alguien se pase el semáforo y me lleve consigo, pero en mi realidad deseada soy esta:

En la vida real estoy esperando que alguien se pase el semáforo y me lleve consigo, pero en mi realidad deseada soy esta:

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Psycho || WinRina G!PDonde viven las historias. Descúbrelo ahora