CUATRO

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Katalina

creo que me habían salido callos y ampollas y hongos y todos los males del mundo. Me iba a matar, pero primero quería matar al Alonso.

estaba perdida, en medio de un bosque con un aweonao drogado y sin polera, que además portaba veinte gramos de quien sabe qué.

veinte gramos po.

y se había cagado con darme uno.

ya habíamos parado hace rato porque yo no daba más y él casi se desmaya, creo que le estaba dando la pálida o algo así, pero no pensaba ayudarlo.

ya había hecho mucho.

—Oye y de pura casualidad... ¿Dónde llevai los veinte gramos?—patee una piedra aburrida. Todavía estábamos alerta por si venían los pacos, pero la única consciente y más o menos sobria era yo.

me miró como si fuese weona.—En mi banano po.

le di una ojeada piola, aunque me quede un ratito piola admirando un tatuaje que tenía en la parte de abajo de su abdomen que no había notado antes. Odiaba que hasta en las peores condiciones se viera rico.

—¿Y ese banano está aquí con nosotros?—hablé con sarcasmo al notar que no lo portaba.

—¿Te han dicho que haci preguntas weonas? Si está aqu...—su cara palideció. Fue satisfactorio tener la razón.—Conchetumare, conchetumare.

—¿Me hiciste correr más que la conchetumare por veinte gramos imaginarios?

—Cállate.—casi ladró. Y como si me hubiesen retado, me encogí en la roca que estaba sentada.—¿Se cayeron cuando corrimos? Devolvámonos.

—Sale.—negué con la cabeza, ganándome una mirada fea.—Además, es en vano porque no estabai ni con banano ni con polera cuando te encontré.

—¿No?—se agarró la cabeza con las manos.—Mierda. Ah, puta la wea.

entonces me acordé de la mina que salió corriendo cuando estaba en el baño.

—Ah... estabai con una loca, creo que fue ella la que se lo llevó.—me rasqué la cabeza nerviosa, su comportamiento raro me estaba asustado un poquito. ¿No serán de consumo personal o no?

me daban miedo los drogadictos.

—Oh...—cerró los ojos y apoyó su cabeza en un árbol.—Giselle culia, me van a rajar por su culpa.

—¿Rajar?

—Matar.

me cagué apenas lo dijo, sentí como un escalofrío recorría mi espina dorsal dejándome helada. Sonaba muy serio.

apenas te conozco y ya te vas. Fue lo que quise decir, pero era tan tenso el ambiente que me quedé callada.

escuchamos unos pasos y seguido vimos unas linternas. Conchetumare, eran los pacos weon.

era la primera vez que los veía ser tan eficientes

fue un segundo de reacción donde ambos nos paramos y tratando ser lo más silencioso posible salimos rajados. La adrenalina de antes se había esfumado y le había dado paso al miedo, ahora me encontraba tiritando de la pura ansiedad.

pero no fuimos tan silenciosos porque llamamos su atención.

quería irme a mi casita, darme una ducha y no saber del mundo por una semana.

ya podía ver las luces de la ciudad, pero todavía escuchaba los pasos de los pacos.

recordatorio mental: nunca más ir a un carrete de dudosa procedencia en medio de la nada.

COGOLLO CULIAODonde viven las historias. Descúbrelo ahora