TREINTA Y NUEVE

1.5K 141 15
                                        

Alonso

volví a mirar la pizarra, luego de quitarle la vista como diez veces, y seguí entendiendo ni una wea de lo que estaba escrito.

observé mi cuaderno en blanco e intenté visualizar algún apunte inexistente o alguna wea que me sirviera, pero nada.

ya listo, me rindo con la wea. Probablemente la marihuana había matado todas mis neuronas.

—¿Qué pasa, cabezón?—el Dylan apoyó su cabeza en mi cuaderno, logrando que me distrajera de mi mente.

—Na... ¿Vo cachai?—apunté con la cabeza la pizarra, por lo que su cabeza se giró.

—Ez.—se levantó y agarró un lápiz de no sé donde.—Mira esta wea teni que factorizarla y...

ahí me perdió completamente ¿Qué wea era factorizar?

siempre me fue como el pico en clases, de hecho repetí una vez, ahí conocí al Dylan y de ahí en adelante, él fue el que me ayudó a pasar de curso.

» No me estai prestando atención.—chasqueó los dedos frente a mí.

—Sí, sí perdón...—me rasqué la oreja nervioso.—No entiendo na de lo que estai hablando.—me sinceré.—Déjalo así nomás.

me observó atento por unos segundos y luego negó con la cabeza.

—Mmm, Oye Alonso...—se puso serio.—¿Vo pensai dar la paes?—ladeó la cabeza.—¿O estudiar alguna wea?

dejé de mirarlo y me encogí de hombros. Si era honesto, nunca tuve la certeza de querer hacer algo por mi futuro, es más, tampoco me veo estudiando o trabajando en alguna wea rutinaria.

pero puta, ¿Qué podía hacer? Tampoco es como si tuviera la oportunidad de hacerlo, además siempre supe que la wea no era para mí.

—No sé...—dejé de mirarlo y volví a ver la pizarra esta vez estaba vacía.—¿Hay sabido algo del Cuchara?

siempre fui inconstante en todas las weas que hacía, pero cuando juego a la pelota todo es distinto, realmente no pienso en nada más que jugar. Aunque siempre supe que la wea iba a quedar en eso nomás, partidos de vez en cuando.

—Nos citó a partido mañana sábado...—lo volví a mirar. Desde que falté a un partido por la wea que le había pasado a la Kata, nunca más me invitó.—Dijo que vinierai.

agrandé los ojos sorprendido.—¿La pulenta?

—Sí, pero que si, por alguna razón, llegai a faltar las perdiste todas con él.—antes de asimilarlo, estoy asintiendo con la cabeza con frenesí.

la emoción culia me embargó y para ocultarlo miré el piso.—Wena.—fue lo único que dije.

—Oye... ¿No te parece raro que la Chica no esté?—observé por toda la sala en busca de la pelirroja al peo y no la encontré.—Desde el desayunior que no la veo y el Tomás tampoco la vio más... Que raro.

—Debe estar con...—intenté pensar en algún otro amigo que tuviera, pero no.—No sé.

—¿No crei que podría estar con el Matías?—me encogí de hombros.

—Se pasaría de weona.—le resté importancia.

no me importaba mucho el tema de ese weon feo y en realidad, no sabía si la Chica ya lo había superado, pero conociéndola, nunca se sabe.

—¿Sabi quién más desapareció?—comentó como quien no quiere la cosa, sin despegar los ojos de su celular.—Tu amada... Bueno, uno de tus tantas...—fruncí el ceño.—La Kata.

COGOLLO CULIAODonde viven las historias. Descúbrelo ahora