Katalina
hace calor. Fue lo primero que pensé.
apenas me podía mover, era como si estuviera muriendo lentamente o así lo sentía. El miedo me tenía presa y cada pensamiento que se me cruzaba terminaba en algo malo, muy malo.
—Kata weon, estai hecha pico.—recuerdo que dijo alguien.—¿Quién le dio tanto? Son enteros agilaos.
—Ella solita se pegó un jale, andaba entera desespera.—dijo otra voz, una femenina.—Otra vez llegó con moretones.
apenas podía distinguir mi propio cuerpo, lo demás era borroso y muy dificultoso de reconocer.
aunque tampoco me interesaba mucho.
—¿Cuánto tiempo lleva así?
—Tres horas o más... No cacho...
primero fue mi pierna que comenzó a moverse de manera involuntaria cada cierto tiempo, como una especie de tic. Luego uno de los dedos de mi mano izquierda, creo que incluso se dobló de una manera antinatural, sin embargo, lo que menos sentía era dolor, solo confusión.
aunque quería parar, no podía. Me sentía como si alguien más me estuviera controlando, como si fuera un títere.
—Deberían llamar al Cristián.
el aire no quería salir de mis pulmones, se sentía como si de pronto hubiera olvidado como respirar. Era completamente consciente del aire en mis pulmones y por lo mismo sentía que en cualquier momento iban a reventar.
—Claro po, pa que nos saque la conchetumare por darle un flote a su hermana chica. Piensa un poco po...
me sentía perdida en mis propios pensamientos, no sabía donde estaba, con quienes, ni que estaba haciendo.
¿Qué era lo que había consumido?
—Mira sus ojos... Se está yendo pal otro lao.
—Estoy bien, estoy bie...—la bilis subió por mi garganta y fue tan repentino que no lo pude contener, terminé vomitando lo poco y nada que había ingerido.
aunque en realidad no recordaba hace cuánto me había alimentado.
—Ayúdame a levantarla, se va a ahogar...
pensé que moría y lo que más me sorprendió fue que no me importó. En realidad, lo estaba esperando hace tiempo.
a nadie le importaría mucho si me iba. Eso era lo único que rondaba mi mente durante las últimas semanas. Y siguió así.
(...)
—Kata.—siento una voz suavecita a lo lejos, pero estoy tan absorta en mi sueño que no quiero abrir los ojos.—Kata... Katalina.
abro un ojo y como puedo observo a mi alrededor, aunque mi vista está borrosa distingo el lugar y a la persona que está frente a mí.
sus ojos azules me observan preocupado, no sé cuanto tiempo habrá pasado, pero el sol pega fuerte a través de su ventana.
no sé que decirle, por mi cabeza se me atraviesan mil ideas pero las descarto todas. Solo quiero que la tierra me trague. Quiero morir de la vergüenza o nunca salir de mi casa de nuevo. Quiero huir del país y cambiarme el nombre.
