CUARENTA Y CINCO

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Katalina
doce horas antes

—Mamá, sé dónde está el Cristián.

no sabía de dónde chucha había sacado el valor, pero ahí estaba en su pieza sintiendo el corazón en la garganta.

nunca había sido acusete con las weas que hacía el Cristián, pero ahora mientras los días pasaban la ansiedad me carcomía por dentro. Sobre todo porque desde hace unos días que me despertaba con pesadillas sobre él, lo cual para mí implicaba un presentimiento no muy bueno.

si aún tenía tiempo de salvarlo, lo haría.

pero ella no me pescó, de hecho ni siquiera despegó su vista del celular.

—Anda a acostarte, Katalina. Mañana sí o sí vas al liceo, no podi seguir faltando más.—la pera me tiritó y por unos segundos solo quise echarme a llorar.

—Mamá...—insistí.

—Yo también sé dónde está.—por fin me miró, incluso se quitó los lentes para observarme seriamente.—Y créeme, estamos mejor así.

aquellas palabras pronunciadas tan fríamente rompieron mi corazón. Ni siquiera se inmutó, realmente parecía como si estuviéramos hablando de cualquier extraño y no de mi hermano.

—Pero es tu hijo.—titubee incrédula. Fue un vago intentó de reclamar, lo sabía. Pero ¿Qué más podía decirle?

—Y está lo suficientemente grande como para tomar sus propias decisiones. Ya lo hizo, se alejó de nosotras. Mi prioridad ahora es que tú no vuelvas a caer en eso.—aseguró y por unos instantes, le creí.

sin embargo, su trato en el último año parecía ser el contrario. Mientras más me acercaba, más se alejaba.

—Claro po ¿Ignorarme y pasar de mí como si no existiera es tu plan?—pregunté incrédula; no obstante, su expresión se endureció provocando temor en mí.

nuestra relación estaba fragmentada y probablemente no tenía cura. Aunque fuimos cercanas, después de que nos dejó el viejo culiao de mi papá nuestra relación se quebró aún más. No es que extrañara algo, es que en realidad nunca lo había experimentado.

siempre supe que al único que tenía era al Cristián.

Pero si poco le importaba mi hermano ¿Qué quedaba para mí?

—Admito que no he sido la mejor mamá del mundo contigo, Katalina. Pero entiéndeme también ¿Cómo se supone que te mire a la cara después de lo que hiciste?—se cruzó de brazos.—Es difícil para mí saber que mis dos únicos hijos siguieron el mismo paso que... Que él.

se me apretó la guata al escucharla y mi cuerpo entero se debilitó al escucharla. La cara de mi progenitor volvió a mi mente luego de mucho tiempo sin pensarlo y sentí repulsión.

Si bien la mayoría de mis recuerdos estaban bloqueados, aún conservaba algo. Y es que no era un tema del que me gustara hablar y si podía hacerme la loca, lo prefería mil veces. Sin embargo, si mi propia mamá me lo estaba recordando sabía que me iba a perseguir el resto de mi vida.

—No somos como él.—aseguré con la viz temblorosa. Tal vez ni yo me lo creía porque ¿Y si me convertía en él? ¿Y si nunca lograba superarlo?

—Yo sé que tú no eres así, hija. Pero el Cristián por otro lado...—Abrí los ojos con horror, mi cuerpo comenzó a temblar de la rabia.

¿Qué wea sabía ella?

—No. Ni te atrevai a decirlo. El Cristián jamás será como él.—negué con la cabeza.—No podi ser tan injusta, mamá. ¿Cómo se supone que iba a seguir viviendo después de lo que viví? No podi juzgarme cuando nunca estuviste ahí, el único que estuvo fue mi hermano y lo tratai así.

COGOLLO CULIAODonde viven las historias. Descúbrelo ahora