CUARENTA Y CUATRO

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Dylan

—Cacha Dylan... Eso fue lo que escuchamos ayer.—mi mamá apuntó la tele donde aparecían imágenes de la población cercana, ya que al parecer había ocurrido una balacera.—Y tú pensabai que eran fuegos artificiales, más pavo.—se cagó de la risa y negó con la cabeza.

no pesqué mucho su bullying y me encogí de hombros, mientras revolvía mi té. Al cual recién le había echado cinco cucharadas soperas de azúcar, algo sutil.—Ya... Pero cuando hay visto algo así, obvio que iba a pensar que eran fuegos... Parece de película, ojalá nadie se haya muerto.

—No habli weas, ojalá se hayan muerto todas esas plastas culias que no hacen más que contaminar esta ciudad. Tú sabi como nos tienen a nosotros todos cagaos de miedo.—se la echó, por lo que rodé los ojos.—Piensa en tu hermana, cabrito.

—La muerte no se le desea a nadie...—después de tirar semejante facto, tomé un sorbito del té.

pero cuando vi la hora en la tele, lo escupí. Conchetumare voy entero tarde weon.

—¡Ay cabro culiao! Limpia altiro.—me retó mi vieja.—¿Qué te pasó? Si yo te dije que no te tomarai las weas calientes.

—Nah, es que...—si le decía que iba tarde me iba a sacar la chucha, así que pensé en otra wea.—Tengo que comprar unos materiales... Una cartulina pa presentar...

—¿Y dónde vai a pasar a comprar, tonto weon? Si a esta hora todo está cerrado.—agarró unas servilletas y limpió.—¿Por qué no pasaste ayer?

excusa culia que me inventé...

—Es que el Alonso... Tengo que juntarme con él.—me levanté de la mesa, sin pescarla.

—Ese niñito no me gusta, Dylan. Te lo he dicho mil quinientas veces y vo dale que segui ahí... Pobre de ti que te pille en alguna cosa rara.

tomé mi mochila y ni tonto, ni weon dejaba el pan que me había preparado ahí, así que lo tomé también.

—Ya, mamá córtala. Chao.—dije antes de salir.

salí de la casa y el frío culiao me frisó las bolas. Pero devolverme a buscar algo no era una opción, así que empecé a trotar hacia el paradero para entrar en calor.

Hasta que me topé con un grupo de cabros culiaos alumbraos de séptimo. Estos pendejos culiaos de hoy en día ni un respeto con los más grandes, yo a su edad me cagaba entero cuando veía a los más grandes.

así que dejé de correr porque la media vergüenza que me vean hacerlo con mochila. Tengo una imagen culia de vio que preservar.

me puse los audífonos y moví mi cabeza al ritmo del benjitalkapone el sarakachambo. Canción culia, me hace sentir full gangster. Pero yo siempre había tenido mis principios claros y jamás voy a tocar la calle, menos cuando nunca me ha faltado nada.

yo no me iba a alumbrar.

la micro justo pasó, así que la tomé y justo se subieron los cabros weones detrás mío.

—Oe Dylan... ¿Cachaste qué pasó?—uno de los pendejos con el corte emo me llamó. No tenía muchas ganas de hablar con los weones, pero igual me di vuelta y los saludé con la cabeza.—Mataron a un weon importante... Quedamos pa la corneta, si el Esteban vio a los pacos hoy, tiene una foto de la escena...—le pegó a su amigo y este sacó el teléfono.

—Si hermano, fue afuera de mi casa.—contó entero emocionado.—Va a subir el tussi.—y luego se lamentó el jere klein al peo. Mientras me mostraban la foto de un auto hecho pico frente a una pandereta.

se me hizo conocido el auto, pero cuando volvió a hablar el aweonao se me revolvió la guata.

—Mala vola, su mano me dejaba como piojo por más de diez horas. Se nos fue un grande...

COGOLLO CULIAODonde viven las historias. Descúbrelo ahora