Alonso
—¿Está todo listo entonces?—le pregunté al Carretilla solo para cerciorarme de que estuviera todo en su lugar.
el Cristián me miró con recelo, antes de asentir con la cabeza. El carretilla no estaba ni ahí porque estaba más preocupado de su tartaleta de durazno.
—Sí oh, todo listo para mañana.—aprovechó de cerrar el capo del auto y se acercó a mí.—¿Andai apurao? Te noto ansioso.
sabía que no lo decía con preocupación, sino que con el afán de sacarme información. Cual de todos estos weones era menos sapo es difícil de saber.
—Me quiero ir pa la casa nomás...—le eché una ojeada a la mesa en la que se encontraban las armas que iban a usar, prefería no meterme con esas weas.
—Todavía estai a tiempo de no querer venir con nosotros, Cogollo.—mencionó el Julio, que era el más cuerdo de los tres weones con los que iba.
—Hablai weas, Julio... No tenemos otro conductor.—le dio un guate el Cristián.—No podi echarte pa atrás, Cogollo. Ya estai metido en esto.
con la pura mirada me lanzó una advertencia, pero ya lo sabía y no tenía intención de echarme para atrás.
—Sí sé... Oye Cristián.—me acerqué aprovechando que el Julio estaba intentando robarle un trozo al Carretilla.—¿Sabe la Kata que andai metido en esto?
hace días que andaba con la duda de si su hermana sabía en lo que andaba metido, porque de saberlo sería mucho más fácil para mí no tener que mentirle.
sin embargo, por como su mirada cambió a una más sombría supe que la había cagado y justo cuando me estaba empezando a tratar mejor.
todavía no entendía porque se le echaba tanto conmigo si éramos lo mismo y me conocía desde chico.
tal vez era por eso
—¿Todavía andai weando con mi hermana culiao?—se picó a choro, por lo que rodé los ojos sin que me viera.—Y no, no sabe y no tengo intención de que sepa...
—¿Por qué?
—¿Pa que queri saber?—se cruzó de brazos.
el Cristián era de esos weones que tenía toda la cara de pastero y se vestía como tal, además estaba serio la mayor parte del tiempo y la cicatriz que tenía en el cuello le daba un aura mucho más peligroso de lo que era realmente.
aunque antes no era así, pero un día apareció con una herida profunda en el área de la yugular y nunca más volvió a ser el mismo.
—Porque me interesa saber po.—señalé lo obvio, él sabía que no era de los weones sapos, rara vez andaba preguntando weas.
alzó el mentón y me observó curioso por mucho rato que me llegó a poner nervioso, me sentía juzgado.
—A la Katurra no le gustan este tipo de weas y yo tampoco quiero que esté metida en esto.—finalmente habló.—Vo teni tu gente importante pa ti, tu familia, tus amigos... Pa mí lo único que tengo es mi mamá y mi hermana y las quiero lo más alejadas posible de esto.
supe entender a lo que se refería y una sensación culia de incertidumbre me embargó.
» Si no teni nada que ofrecerle más allá de esta vida culia, no sigai.—dicho esto se alejó de mí y fue hasta los weones que seguían peleando por un trozo de tartaleta.
(...)
me estacioné afuera de la casa de la Katalina y me quedé ahí sin salir del auto.
