CUARENTA Y OCHO

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Danae

cerré la puerta apenas las siluetas de la Kata y el cogollo desaparecieron de mi pasaje. Tenía un dolor de guata desde la mañana, es que sentía como si la tuviera apretada todo el rato y no era para menos, la situación culia en la que estaba envuelta mi mejor amiga me tenía de los nervios.

casi todos se habían ido, menos el Dylan, que seguía sentado en el sillón viendo su celular.

su pelo desteñido descansaba sobre su frente dándole un toque mucho más descuidado de lo habitual, además en su cara se reflejaba toda la tensión del día a través sus ojeras y su ceño levemente fruncido.

no podía evitar pensar en que de un día para otro se había vuelto mucho más maduro y serio de lo que yo conocía. Aunque, por la forma en la que había controlado la situación y como ofreció soluciones rápidas, me atrevería a adivinar que no era la primera vez que pasaba por algo así.

¿Qué tanto escondía el Dylan? y lo que era más importante ¿Qué wea me importaba a mí?

¡Nada! No podía importarme menos este weon.

—¿A qué hora te vai?—pregunté con un tono pesado, logrando que levantara la cabeza de su celular.

—Jamás me iré.—aunque lo dijo en broma, no pude evitar sentir un leve cosquilleo en la punta de mis dedos.—¿No me vai a dar once? Estoy esperando pa conocer a tu mamá.

entreabrí los labios confundida y me acerqué rápidamente a él.—¡No! Conocer a mi mamá es sagrado... Lo estoy reservando para mi futuro marido.

entrecerró los ojos y se encogió de hombros.—Chocló nomás...—me reí ante su resignación.—Tendremos que casarnos.—otra vez sentí el hormigueo, pero esta vez con mayor intensidad.

—¿Qué wea, Dylan?—me reí nerviosa y me eché en el sillón de al lado para que no lo notara.—No digai weas.

se pasó una mano por la cara y me sonrió culpable.—Perdón oh... Es que no sabía como quitarle la tensión al momento.—entonces su semblante se enserió y se inclinó hacia adelante.—¿Cómo estás?

me sorprendía sus cambios de humor tan rápidos, como podía pasar con facilidad de un tema trivial a algo serio.

—¿Yo? Bien po... ¿Y tú?—eché la cabeza hacia atrás y miré el techo.

—No, Danae. Lo digo en serio ¿Cómo te sientes?—lo miré al notar su tono de voz y la guata se me volvió a apretar. Por su mirada sabía que más que referirse a los sucesos de hoy, se refería a otra cosa. A algo que había estado evitando pensar.

—No sé.—confesé, supongo que luego de reprimir tanto mis sentimientos hacia él, ya ni siquiera sabía que sentir.

—¿Queri...? ¿Queri ir a verlo?—me sorprendió que lo sugiriera, sobre todo porque jamás lo habíamos hablado.

—No.—negué con la cabeza, sincera. Mi historia con el Cristián había terminado desde que desapareció de mi casa la última vez y yo estaba bien con eso.

a veces no eran necesarias las conversaciones de cierre, porque muchas veces no tenerlas significaba el fin y yo prefería mi paz mental por sobre todo.

—¿Puedo preguntarte algo?—ladeé la cabeza un poco chata, pero él se miraba curioso y se inmutaba ante mi mala mirada.

—¿No hay preguntado mucho ya?—lo webeé, pero me siguió mirando intensamente por lo que cedí.—¿Qué?

—¿El Cristiano... Cristián y tú eran pareja?

—No.—negué apresuradamente. Ni yo sé porqué me avergoncé porque preguntara.

COGOLLO CULIAOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora