Katalina
los primeros rayos de sol de primavera entran por mi ventana dando aviso a que la mañana estaba aquí, pero me era imposible moverme de la cama.
sentía que cada hueso me pesaba el triple y por si fuera poco, el malestar de estómago no se me había pasado. Sentía como si tuviera ácido y realmente no sabía si era por la ansiedad o algo más.
me cambié de posición cuando sentí unas pisadas cerca de la puerta de mi pieza.
—¿Estai despierta?—el sonido de la puerta al abrirse me sobresaltó delatando que sí lo estaba.—¿Vai a desayunar?
algo había cambiado en mi mamá estos últimos días, no sabía realmente lo que era, pero parecía menos apagada y más como la que era mi mamá antes.
pero me daba mucho miedo pensarlo porque significaba que cualquier wea que hiciera o dijera ahora, podía arruinarlo todo.
mi corazón se apretó al pensarlo.
—No tengo hambre.—negué con la cabeza. Y por su cara supe que no le gustó la respuesta, mas no insistió.
las palabras de la Aylin se repetían en mi mente, no sabía muy bien si el Alonso estaría feliz con la noticia, pero yo no lo estaba.
mis ojos se dirigieron a mi estómago, la polera del pijama se había levantado dejando al aire lo que estaba intentando ocultar.
apreté los ojos con fuerza y deseé con todas mis fuerzas desaparecer.
a mis dieciocho años solo tengo claro una cosa y eso es que, por más que me gusten los niños, no puedo ser mamá.
¿Cómo podría cuidar a alguien si no puedo hacerlo ni conmigo misma?
y pensar en el Alonso, solo hacía que se me revolviera el estomago.
¿Cuáles eran sus sueños y metas? ¿Qué planes tenía a futuro? ¿Siquiera pensaba en ello? Porque a mí me atormentaba.
un suspiro entrecortado se escapó de mis labios. Probablemente me estaba ahogando en un vaso de agua, tenía que afrontar las consecuencias de mis propios actos.
reí al recordar que aquellas palabras una vez me las dijo el Alonso. ¿Dónde había quedado su odio por mí? Ojalá que ya no exista...
revisé la hora en mi celular y apreté los labios al notar los mensajes que tenía de la Danae y del Alonso. Ayer me invitó a un partido que tenía, en ese momento acepté, pero ahora ya no tenía ganas.
además que ya estaba por empezar, por lo que ni cagando iba a llegar... Con suerte llegaría al segundo tiempo.
pero no me podía el cuerpo y probablemente si es que iba, cagaría todo el ambiente.
me di media vuelta en la cama y cerré los ojos con fuerza, esperando que el sueño me hiciera olvidar por un rato lo que estaba sintiendo.
y así fue.
(...)
podía escuchar a lo lejos golpes en el vidrio, pero no quería abrir los ojos, sentía como si no hubiera dormido en años.
sin embargo, el molesto sonido parecía no querer detenerse, así que con todo el pesar de mi alma, me tuve que levantar.
apenas corrí la cortina, mi corazón dio un vuelco y mis cejas se alzaron ante la sorpresa de ver al Alonso frente a la ventana.
