CUARENTA Y UNO

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Danae

el Dylan me tiene caga de la risa mientras se atraganta con un chacarero, no parece tener ni una pizca de vergüenza este weon y eso la verdad es que no me incomoda para nada.

—¿Qué mirai?—pregunta con la boca llena, por lo que ruedo los ojos. Ya, asqueroso culiao.

—La cara de weon que te gastai.—me cago de la risa por mi chiste fome.

sus cejas se arrugan y dejo de mirarlo para dejar de reírme. Algo tenía este weon que cada vez que lo veo, me daba risa.

—Fome...—murmura.—¿Por qué no le hay pegao el mordisco al tuyo?—deja el sandwich en la mesa.

no sé porque me da vergüenza.—Es que... No me gusta el tomate.—me encojo de hombros, quitándole importancia al asunto. Tarde o temprano iba a terminar comiéndome la wea.

—Pero si me dijiste que te gustaban los chacareros...—se rasca la barbilla desconcertado.

—Sí, pero no con tomate.—me encojo de hombros, restándole importancia.

—¿Y por qué no me dijiste? Le voy a decir a la tía Sole que te haga otro... Tranquilein John Wayne.—Se levanta, pero antes de irse mi risa lo detiene.—¿De qué te rei?—pregunta confundido.

—¿Tranquilein John Wayne?—repito casi sin poder respirar a causa de la risa.—Ohh, dicho culiao añejo, se te cayó brígido el carnet.

—¿Cómo que viejo?—se cruza de brazos.—Si ayer se lo escuché a unos cabros de primero.

—Poco actualizado.—opiné negando con la cabeza.

—No cachai na...—dicho esto se da media y vuelta y se va.

mientras no está aprovecho de mirar el lugar al que me trajo con la excusa de que iba a venir la Kata y el Alonso. Aunque cada vez veía menos posible eso porque habían pasado alrededor de diez minutos desde que habíamos llegado y como veinte desde que el Alonso se había ido corriendo del liceo.

me dio cualquier pena igual cuando cache que no jugo en todo el partido, al parecer lo habían invitado para puro sacar la vuelta porque ni pa aguatero sirvió.

no lo conocía mucho, pero en su cara se notaba lo desilusionado que estaba. Además mi amiga ni señales dio de querer aparecer, así que supongo que eso también lo bajoneó.

no entendía que onda si ayer la Kata me había llamado para que la acompañara y bueno, también había aceptado porque el Dylan ya me había invitado.

se hizo dos goles, menos mal si. No iba a ver perdedores yo.

—Ya listoco.—volvió con un chacarero en sus manos, hambrienta me pase la lengua por los labios y sonreí.

—Buena weon.—observé el que ya estaba en la mesa.—¿Y qué hago con esto?

—Yo me lo como, pasa pa acá.—obediente se lo entregué.

—Andai con el meo diente parece.—comento, mientras agarro el pancito calentito.

manjar de dioses weon.

—Sí po, correr como weon de un lado pa otro en una cancha de once no es cualquier wea... Y yo soy más pajero que la conchetumare.—apenas lo probé, la wea se me deshizo en la boca. No sé qué onda, pero aunque fuera pan con carne, porotos verdes y harta mayonesa, era como una wea que nunca antes había probado.—¿Está bueno?

asentí efusivamente con ma cabeza, dandole mi visto bueno.—Wea rica, el mejor que he probado.—volví a pegarle la mascada y cuando levanté la vista, me encontré con sus ojos mirándome de una forma tan cuatica que me revolvió el estómago.—¿Qué mirai?

COGOLLO CULIAODonde viven las historias. Descúbrelo ahora