TREINTA Y SEIS

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Cristián

sigo con la mirada a la Noemí a través del espejo, se mueve de un lado para otro desesperada, sus ojos apenas se distinguen por las escobas que tiene como pestañas.

siempre la webeo con eso y siempre recibo un par de chuchas de su parte.

—Dime po weon, dónde escondiste la keta.—pregunta al borde del colapso nervioso, no la pesco mucho y me recuesto en la cama.

andaba puro weando, si yo ni siquiera tenía ketamina. No sé de donde chucha había sacado eso.

—Tu papá está tapizao en keta, anda a pedirle a él.—la webie. Sabía que le estaba colmando la paciencia, pero no tenía ánimos de hablar con ella. Sobre todo porque me sentía muy consciente, la mota ya no me hacía tanto efecto como antes.

giró lentamente la cabeza y me miró enojada, sus pómulos resaltan más de lo que deberían, al igual que sus labios. Cada día está más cambiada y no sabía si era por las drogas o por la plata. Ya no es la Noemí que conocí hace años, sin embargo, más allá de afectarme, estoy bien con eso.

yo tampoco soy el mismo que ella conoció.

—Cállate sapo culiao.—me reí y levanté las manos fingiendo inocencia.

—No eri na' caballo...—suspiré y dejé de mirarla. No era quien para decirle qué no consumir, pero tenía mis límites igual.—Fúmate un pito mejor y déjate de wear.

cerró los ojos por unos segundos y luego asintió con la cabeza. Estiré mi brazo hacia el velador y le pasé uno que había armado en la mañana, me miró con recelo por unos segundos antes de darse media vuelta e irse por fin de la pieza.

ya no la quiero. Eso es lo que pienso cada vez que se va.

cuando una persona te ha costado tanto y te ha dejado sin nada, es lógico que el cariño se esfume. Sin embargo, aquí sigo.

lejos de mi hermana chica y de mi mamá.

lejos de la mujer que siempre voy a querer.

lejos de los sueños que alguna vez tuve de cabrochi.

—Oiga Cristiano... Le busca el Julio.—el Daniel asoma la pura pela y me sonríe. Cada día estaba más seguro que este culiao consumía algun tipo de hongo o alguna wea hippie.

no era posible ser tan feliz.

o en vola era yo el depresivo culiao que se negaba a creer que existía la gente genuinamente feliz.

la Kata era así cuando era chica, una pendeja tan insoportable que llegabai a desear que la weona se volviera muda de las tantas weas que preguntaba. Por qué. Cómo. Cuándo. Cada vez que abría la boca salía una wea distinta que jamás se te habría ocurrido preguntar o algo tan poco interesante que realmente no valía la pena siquiera preguntar, pero ahí estaba ella.

y no se callaba. Desearía que jamás se hubiese callado.

la culpa me consumía, es algo tan abrumador cargar con el peso de no haber podido protegerla, de no proteger su brillo.

no podía ni mirarla a la cara, no puedo vivir con la culpa.

—Shu ¿Cuánto fumaste, Cristiano?—me sobresaltó al escuchar la voz del Julio.—No andi fumando tanto, hermano...

me levanté en la cama y caminé hacia él para saludarlo, abrió sus brazos y me dio unas cuantas palmadas en la espalda. El Julio era una de las pocas personas que jamás me habían dado la espalda, siempre había estado ahí para mí. Incluso cuando me ponía weon.

COGOLLO CULIAODonde viven las historias. Descúbrelo ahora