Danae
tenía cualquier paja, pero saber que el viernes por fin habían vacaciones de invierno me motivaba más que la chucha.
—Danita ya me voy.—mi mami apareció por la puerta y se acercó a mí, me estaba alisando el pelo por lo que estiré el cuello para recibir su beso.—Te dejé plata para que compres pancito en la tardecita ¿Ya?—asentí obediente.—¿Cuándo viene la Katita? Hace rato que no la veo...
sin querer me tensé entera, pero fingí una sonrisa.—Yo cacho que hoy después del liceo pasa... No sé, mami.
—Bueno, dale mis saludos a su mamá si la ves.—asentí frenéticamente hasta que se fue.
deseaba con todo mi ser que mi mami y la mamá de la Kata no se encontraran nunca.
porque si se llegaban a enterar nos sacaban la chucha a las dos, aunque me preocupaba más ella.
sabía lo mala que era su relación con su mamá, pero aún así ella lo arriesgaba por el Cogollo. Me daba miedo por como podía terminar aquello.
terminé de arreglarme y bajé las escaleras para irme, estaba más atrasada que la chucha y ni cagando pensaba correr, así que entre guardar la colación que me hizo mi mami y salir me di como mil vueltas, hasta que estuve segura que tenía todo.
antes de cerrar revisé que todo estuviera en su lugar y por fin salí.
no era nada sin audífonos y escuchar mi playlist de cuarenta y cinco horas, pero extrañaba los audífonos de cable porque los que eran inalámbricos se me pasaban cayendo o perdiendo las weas.
como ahora que había salido rodando la wea y no sabía dónde estaba, aguantándome toda la humillación del mundo, aunque no hubiera nadie en mi patio, me agaché a buscar entre el pasto.
sin embargo, lo que encontré no fue un audífono, sino que fue una zapatilla.
—¿Qué chucha?—me levanté y me alejé lo maximo posible de esa zapatilla culia, que probablemente era más cara que todo mi uniforme porque parecía ser de las jordan.
estiré mi pie y la patee con toda mi fuerza, hasta que la wea impactó en lo que parecía ser una espalda, no pude evitar el grito.
¿Era un cuerpo? Conchetumare.
» Ay, qué hago, qué hago.—comencé a dar vueltas en círculos y, con mucho pesar, a morderme mis bellas uñas.
me las había hecho ayer nomás.
me acerqué y me agaché para identificarlo, con las manos temblorosas intenté darlo vuelta, pero pesaba más que la chucha.
cuando pude ponerlo de espalda el reconocimiento fue claro y aunque me agobié más, no pude evitar alejarme con asco.
era el Cristián nomás.
¿Qué hacía acá este culiao? Y lo que era mucho más importante ¿Estará muerto?
para comprobarlo, y porque mi salud mental lo pedía, le pegué una patada en los cocos.
—Ah... Conchetumare...—se retorció en el piso, aunque me llené de satisfacción también fue de alivio. Por mucho que no me agradara este weon, igual era el hermano de mi mejor amiga en el mundo.—Mamá...—abrió los ojos y se quedó mirando el cielo como si estuviera viendo la luz caer justo a él. Culiao ridículo.
a pesar de la ropa negra que llevaba, podía distinguir manchas de sangre en ésta, así como en su cuello, manos y rostro. Estaba tan machucado que si no lo conociera tan bien no lo habría recocido.
—¿Qué haci acá?—mientras él se seguía retorciendo aproveché de sentarme encima del medidor de agua. Hacía cualquier frío, por lo que temblé levemente.
