Alonso (3/3)
los recuerdos de anoche me invadían cada vez que cerraba los ojos y aunque ya me había pasado la mayor parte del día acostado, no tenía intenciones de levantarme en realidad.
pero ya estaba oscureciendo y debía ir donde el carretilla lo antes posible.
—¡Mano!—apareció corriendo el Sebastián, en sus manitos traía un bol gris.—Tra-je ensa...lada.—habló bajito y entrecortado.
lo dejó encima de mi velador y se subió a la cama, luego de rodar encima de mí se puso a saltar. Hace días que el Seba parecía tener un cambio positivo en su personalidad, cada vez hablaba más y tenía mucha más energía.
—Wena mano, era lo que necesitaba pa revivir.—le di un beso en la cabeza y me senté en la cama.
—¿Estai bien, Alonso?—me sobresalté al ver a mi mamá en el umbral de mi pieza, tenía cara cansada.—Llegaste tarde súper ayer y hoy no fuiste al liceo... ¿Pasó algo?
—Estoy bien, no ha pasado nada.—dejé de lado la ensalada, mientras mi mamá se acercaba hasta sentarse en a los pies de la cama, el Seba fue hasta ella y la abrazó.—Andai cariñoso...—me acerqué a tocarle la espalda.
—Es gracias a la Katita, es con la única que hablaba.—sonrió con cariño, ante la mención de ella se me aceleró la cuchara.
estaba tomando control sobre mí las weas que sentía y por más que quisiera detenerlas, parecían incrementar las weas.
—¿Cuándo va a venir la Kata?—el Seba saltó hacia a mí y me abrazó.—¿A ti te cae bien la Kata?
—Un poco.—me hice el weon y miré hacia otro lado. No quería que lo que fuera que tuviera con ella, afectará de alguna manera su relación con mis hermanos. Ellos la querían.
—Los miércoles viene, pesadito.—mi mamá lo tomó y lo dejó en el piso.—Anda a ver lo que está haciendo tu hermana... Y me avisas.—el niño asintió y se fue corriendo.—¿Ahora te cae mejor la Katita?
—Más o menos...—me reí por la cara que puso.—Si me cae bien ahora, antes no la conocía nomás.
—¿Y ahora sí?—alzó una ceja y me dio un codazo.
—Solo por lo que ha hecho por los mellizos.
—Te conozco más de lo que tú crees, pero está bien si no me quieres contar lo que sea que pasa todavía.—apretó una de mis mejillas.—¿Hoy vai a la casa del Dylancito? Mándale mis saludos a la mamá y a la Giselle.—asentí y me levanté para arreglar mis weas.
—Bueno.
ella también se levantó y se dirigió a mi velador.
—¿Es de una chiquilla?—me mostró un pinche rosado con forma de frutilla.—Es bonito.
lo dejó donde lo encontró y tomó el bol de la ensalda.—Sí.
era de la Kata, ayer lo había dejado en mi auto.
—Me gusta verte así como feliz, Alonso.—dijo antes de irse.
(...)
hacia cualquier frío cuando me bajé de la micro, por mis audífonos sonaba toy con la bendición, así que cuando llegué a la casa del carretilla llegué entero prendio.
sin embargo, no podía dejar de pensar en todas las weas que podían salir mal y me sentía entero ansioso por eso.
no iba a ser mi primera vez escapando de los pacos si algo salía mal, pero si iba a ser en una wea así con el carretilla.
