CUARENTA Y TRES

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Alonso

un, dos, tres... Un, dos, tres... Un, dos...

—¿Vai a entrar o vai a seguir ahí como lonji?—me sobresalté al escuchar la voz del carretilla y busqué como weon desde dónde me había hablado, hasta que lo pillé. Ahí estaba en la ventana con la mitad de su cabeza mostrando los pocos pelos que le quedaban, sus ojos observándome con recelo.

en cuanto abrí la puerta, inmediatamente intenté que todas las weas que sentía o pensara se fueran de mi mente, quedándome en blanco. Ni cagando le mostraba cuanto me afectaba volver a este lugar.

—Hola...—saludé al Carretilla, sus ojos me observaron de arriba a abajo y antes de cerrar la puerta me miró urgido.

—¿No te siguieron? ¿Por qué te demoraste tanto?

fruncí las cejas ante su inquietud, desde que lo había conocido, jamás se había mostrado tan atrapado hasta ahora.

—Pasé a comprar la bebida que me pediste.—apenas le pase la botella sus ojos se iluminaron, volviendo a ser el mismo de antes.

—Ya weon, el chico Julio viene en camino también... Y el Cristián no me ha contestado, no sé dónde andará ese maricón.—me encogí de hombros sin saber tampoco, de una mis pensamientos de dirigieron a la castaña.

la Kata...

hace días que no la veía, que no sabía de ella. Ni siquiera en el liceo se había asomado y me tenía entero preocupado.

—¿Lo vai a hacer hoy?—me senté en el sillón y para intentar despejarme prendí la tele.

sin mucho interés cambié los canales, hasta que el weon me quitó el control.

—Mish, justo están dando la teleserie turca que me gusta... Tiene como mil capítulos, pero te enganchai brígido, guatón.—se sentó a mi lado y sin pescarme mucho, bebió directamente de la botella el cochino culiao.—A las diez partimos ¿Tai de acuerdo, guatón?

no sé porqué me preguntaba si igual iba a hacer la wea que se le cantara, pero asentí con la cabeza despacio.

recorrí con la mirada el lugar, las paredes con la pintura desgastada y descuidada, muy distinto a su casa llena de lujos y weas absurdas, ya que ahora estábamos en la casa de su mamá, una señora de edad con demencia que no sabía en qué wea andaba su hijo.

igual que la mía

volví a mirar al Carretilla y de pronto, una sensación de angustia creció en mirar pecho. ¿Yo iba por las mismas?

—Oe Carretilla... ¿Puedo preguntarte una wea?—me rasqué la oreja nervioso cuando me miró de reojo.

—Que andai curioso... A ver, suéltala.

—¿Qué haciai antes de esto?—finalmente, dejó de mirar la tele y posó toda su atención en mí.

—Siempre estuve en esta wea, no terminé el liceo y me metí en esta wea por un sangre... Que en paz descanse.—por unos segundos se perdió en sus pensamientos.—Esto ha sido mi vida completa, Cogollo. Le he dedicado toda mi vida a este negocio.

los latidos del corazón resonaron en mis oídos y el temor se apoderó de mí.

» ¿Teni miedo? No pongai esa cara amariconao... Vo eri mejor que yo, Alonso, en todo sentido.—fruncí el ceño confuso ante la mención de mi nombre.—No veai esta wea como algo malo, podi hacer maravillas aquí. La plata hace la felicidad, Cogollito, el que diga lo contrario es porque nunca en su vida le ha faltado un peso.

COGOLLO CULIAODonde viven las historias. Descúbrelo ahora