Capítulo 35

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Capítulo 35

* * * P.V.A * * *

Nunca había vivido un noviembre tan vacío y frío como este.

Han pasado como dos semanas desde que ocurrió todo el asunto de Genji, y mis ganas de que la tierra me trague y de no ver a nadie siguen intactas, haciendo que viva recluida en mi piso, saliendo para lo estrictamente necesario.

Aún no puedo entender cómo he acabado así, soy una estúpida. Si hace unos meses me hubieran dicho que acabaría enamorándome de un niñato de secundaria, engañada totalmente sobre sus sentimientos hacia mí a pesar de que el universo me gritaba que para él sólo era un juego, no me lo hubiera creído.

Llegué siendo una persona razonable y prudente, y ahora no me reconozco. Nunca hubiera concebido la idea de enamorarme de una forma tan rápida y absurda por alguien que apenas me quiere cerca. Es totalmente estúpido, y ahora pago las consecuencias de haberme emocionado sin usar el cerebro.

Mis ojos se vuelven a humedecer mientras recuerdo las últimas palabras de Genji. Dios... Sólo quería llevarme a la cama, y yo pensando que podría quererme, que le importaba algo. Me siento tan ridícula.

Cojo el cigarro que se consume sobre el cenicero de la pequeña mesa de mi salón y doy una profunda calada, como intentando que aquel humo aparte a Genji y al sentimiento de tristeza de mi cabeza, pero nada puede alejarlos.

He intentando con todas mis fuerzas centrarme en el trabajo y en estudiar, pero apenas puedo concentrarme en las tareas más simples, con lo que mucho menos voy a poder aprenderme mi montaña de apuntes, que cada crece más, recordándome que dentro de dos meses los exámenes me esperan. Como no me ponga las pilas obtendré unos resultados horribles, me echaran de la universidad, y tendré que soportar el perpetuo reproche y humillación de mi padre.

Esa idea hace que sienta una losa gigante aplastarme por dentro, no podría soportar más vergüenza. Tengo que salir a flote de nuevo.

Limpiándome las lágrimas ante aquella idea, me levanto y camino hacia el escritorio de mi cuarto, agarrando el libro y apuntes de la primera asignatura que pillo, comenzando a leer cuando regreso a mi sitio. El tedio intenta adentrarse de mí ante el mar de palabras.

Lo único que me consuela en aquel momento es que es mi día libre, y no tendré que ir al supermercado para verle la cara a mi superior, que desde que estoy hundida en mi desazón, no hace más que llamarme la atención y vigilarme. Sé que tiene razón y debo sonreír más a los clientes y parecer alegre, pero me es imposible, y lo odio.

Vuelvo a fumar, y ya sí que sí, me centro en los apuntes al apagar el cigarro, bloqueando mi mente a todo asunto exterior a la bioquímica.

Pasados unos diez minutos, escucho que alguien llama a la puerta con los nudillos de forma suave. Oh, no, no quiero ver a nadie.

Me quedo sentada mirando la puerta, haciendo como que no estoy, aunque sea inútil sabiendo que a las 10 de la noche estoy en mi casa si no me hallo en el bar, pero escucho la voz de Ruka al otro lado, hablarme con dulzura.

-Airi, ábreme, por favor.

Mi corazón se compunge ante su ruego, y siento que mis lágrimas vuelven a la carga por la contradicción que siento en mi interior. Necesito desahogarme en los brazos de alguien, pero a la vez siento tanta vergüenza que no puedo pensar en que me vean, sabiendo que están al corriente de todo, y me han visto ir detrás de Genji cuando él me despreciaba.

Ante un nuevo comentario de mi amiga, me levanto tras cerrar el libro y abro tras secarme los ojos. Quiero que no se preocupe demasiado por mí, así que trato de sonreír un poco.

-Pasa, por favor. –La invitó mientras me hago a un lado tras un leve hola.

-No quiero molestarte, pero hace días que no me coges el teléfono, ni te veo.

La muchacha calla mientras observa el desorden de la casa, llena de latas de cerveza y colillas en ceniceros, a lo que se suma el polvo sobre los pocos muebles. Yo me siento de nuevo, invitándola a que se ponga cómoda. Vuelve a hablar, esta vez con un tono serio.

-Airi, no puedes esconderte para siempre, tienes que seguir con tu vida. Me preocupas.

-Siento no haberte cogido el teléfono ni haberte dejado entrar a veces. No es justo, y te agradezco mucho tu preocupación, pero quiero estar sola. –Me disculpo bajando la mirada, ofreciéndole después cerveza, que es lo único que hay en la nevera.

Ella niega con la cabeza, contemplándome con lástima, cuando habla yendo directa al grano. Esto se presenta horrible.

-Sabemos que Genji se ha comportado como un cabrón, debería haberte dicho que sólo quería sexo para que no te hicieras ilusiones; sabemos que a ti se te fueron las cosas de las manos y te animamos a ello, porque sinceramente no le eres indiferente, pero nos hemos equivocado en el modo de hacer esto. No tuvimos en cuenta que es un insensible. Airi, no puedes dejar que esto te hunda, conocerás a otros. El dolor pasará.

-Oh, Ruka... –Sollozó sin aguantar más. –No puedo, no sé qué pensar sobre todo esto. Me siento tan gilipollas por estar así por él, por quererle sin saber por qué... es una locura, estoy obsesionada. No puedo apartarlo de mi cabeza ni siquiera con todo este dolor.

-No elegimos querer, ni a quién. No eres idiota porque él te guste, ni siquiera por quererle. Él no te rechazaba, te hablaba e incluso he visto que te trataba bien para ser Genji... no te mortifiques por darlo todo, eres así. El único gilipollas aquí es Genji.

-Quiero olvidarme de él, mi hermano tenía razón, no puede darme lo que quiero; todo era una ilusión de mi cabeza. –Digo mientras lloro con más ganas, puesto que pienso de verdad que he inventado la personalidad que quería ver en Genji, y él simplemente me ha seguido el rollo para que le deje en paz, aprovechándose de lo que podía.

-Tranquila, no estarás sola. Voy a ayudarte, Airi.

Miro fugazmente la sinceridad de Ruka, y después me acercó para abrazarla fuertemente y llorar con amargura mientras dejamos que el silencio lo llene todo, cuando tan solo un minuto después, llaman a la puerta.

Me separo de Ruka y miro a la puerta sin ninguna gana de abrir, y agradezco profundamente que ella se ofrezca a hacerlo y decirle a quien sea que se marche. La sigo con la mirada mientras siento alivio de no enfrentarme al exterior.

En cuanto la puerta se abre, escucho como la voz de Tamao pregunta con extrañeza y algo de duda.

-¿Quién eres?

-Soy Ruka, una amiga de Airi. –Responde ella con tranquilidad, bloqueando la entrada.

-Sí, te recuerdo del bar de aquí cerca. ¿Dónde está mi hermana?

Mientras ella le pone al tanto de mis preferencias esta noche sobre las visitas, me levanto para encarar personalmente a Tamao. No sé muy bien por qué, pero quiero verlo.

-Está bien, Ruka. –Digo llegando a su lado, mirando a mi hermano, quien pronto se sorprende de hallarme de esta guisa: despeinada, con unas grandes ojeras y ojos hinchados, rojos y llenos de lágrimas. Aparto la vista de él.

-Bueno, me marcho. Si necesitas cualquier cosa, llámame. –Dice Ruka mientras me sonríe, para después despedirse de Tamao diciéndole adiós, desapareciendo rápido de mi lado para darnos intimidad.

Yo me adentro en el salón, dejando que él sea quien cierre la puerta, y lo hace raudo para ponerse frente a mí, sin darme tiempo aún a sentarme. Me mira con pasmo.

-Airi...

Tamao se detiene, sin saber qué decir ante aquella estampa. Supongo que no creía que iba a estar tan mal después de este tiempo, así que antes de que pueda hablar, simplemente camino hacia él y lo abrazo, pidiéndole que no diga nada y me corresponda.

I wanna changeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora