Katalina
la puerta frente a mí se mantiene igual de quieta, con el mismo color y las mismas grietas desde hace veinte minutos, que son los que llevo parada frente a ella.
y yo me iré. Vuelve a resonar en mi cabeza por centésima vez, como si mi mente no pudiera elegir otra forma de torturarme.
el dolor hace que me pese el cuerpo y si no hubiera agotado mis lágrimas en las últimas cuatro horas, probablemente ahora me encontraría tirada en el piso llorando.
¿Había sido la mejor decisión? Aquello me perseguiría de por vida, pero lo hecho, hecho está y no podía seguir lamentándome por algo que probablemente me iba a costar la vida.
aunque lo amaba
la puerta se abrió y me sobresalté dando dos pasos hacia atrás para no caerme. Ojos iguales a los míos me observaron con su frialdad característica que me hizo sentir chica de nuevo.
—Hola hija.—sonrió con esa maldad pura que solo podía provenir de él.
detrás de él, estaba mi mamá y cuando nuestros ojos se encontraron mi corazón se detuvo. Parecía hecha una muerta en vida y aunque me dolió, más me asustó.
intenté caminar hacia atrás, pero su mano helada se aferró a mi brazo y tiró de mí hacia dentro de la casa sin cuidado alguno, logrando que aterrizara en el piso en un golpe seco que no hizo reaccionar a ninguno de los dos.
» ¿No me vai a saludar, pendeja maleducada? Yo no te crié así.—se sentó en el sillón individual, dejándome a mí en el suelo en medio de mi mamá y de él.
no había cambiado en nada, salvo por alguna que otra cana y arruga que lo hacía ver aún más aterrador para mí. Su cara era algo que jamás iba a olvidar, sobre todo porque la veía todos los días frente al espejo.
nada en mí parecía reaccionar lo que le molestó porque pateó la mesa frente a mí.
» ¡Di alguna wea po!—me sobresalté, pero aún así no logré siquiera pararme del piso.
porque era presa del miedo y de los recuerdos que pensé que había bloqueado. Una vez más su presencia era el recordatorio de que alguien como yo jamás podría ser feliz.
—Gael...—murmuró mi mamá con la voz suave.
—¿Qué? ¿Vai a amenazarme con llamar a los pacos? Llámalos y veamos cómo te va con la wea.—por el rabillo del ojo vi a mi mamá agachar la cabeza.—Katalina, no me sorprende que seai igual de maraca que tu mamá... Pero te metiste con el culiao equivocado ¿Acaso no aprendi?
fruncí el ceño y por reflejo levanté la cabeza, encontrándome con sus ojos inyectados de rabia.
—¿A qué...? ¿A qué se refiere?—pregunté con la voz apenas audible por el nudo en la garganta que me impedía hasta respirar.
—Ese pololito tuyo te salió malo po y tengo puras ganas de encontrarlo, porque sino me las vai a pagar tú.—se agachó hasta mi altura y me agarró del mentón.—Así que me vai a decir pa donde se fue ese conchetumare.
fue en ese mismo instante en que mi corazón se quebró, juré escuchar el crack y por como su cara se contrajo de felicidad supe que él también lo escuchó. Se sintió como si me apuñalaran por la espalda, el dolor traspasó niveles que jamás creí experimentar y luego de unos segundos de agonía todo dejó de importar, porque resulta que en quien más había confiado, había sido quien me apuñaló.
—No sé de que estai hablando.—aún así, fingí no saber de que estaba hablando.
porque una parte de mí creía que el Alonso no podía estar relacionado de ninguna manera con él.
