Estaba viva.
Aún seguía con vida.
Eso estaba claro, sin duda escuchaba los latidos de mi corazón en los oídos y mis pulmones me rogaban por más aire. Estaba hiperventilando, flipando y definitivamente había perdido la cordura. Carajo, acababa de golpear al hombre más rico que en mi vida tendré el honor y horror de conocer, pero era eso o que me denunciara por suplantar la identidad de su amada novia. Fue lo mejor.
Mis pies detuvieron su marcha en cuanto noté la cantidad de personas que había en el estadio y la forma en cómo coreaban gritos de aliento a su equipo. Por suerte estaba en el lado correcto, solo debía encontrar a la única niña con camiseta roja. Entre tanto azul no debía ser tan difícil, solo esperaba que estuvieran entre el público y no en...
—¡Oh por Dios, eres Dami! —gritó una chica, llamando la atención de unas cuantas personas más.
—No, no, yo no soy...
—¡Soy una de tus mayores fans! —me interrumpió otra chica —¡Fui a todo los conciertos de tu gira Love Tour! —comentó —¡¿Puedo sacarme una foto conti...?!
—¡No, yo primero! —la interrumpió la anterior chica.
—¡Cierra la boca, yo...!
Dejé de escuchar al par de señoritas cuando mis ojos enfocaron a una adolescente con cara de aburrimiento supremo mientras observaba a una niña sentada sobre los hombros de...
—¡Sofía! —grité furiosa, tanto que las dos chicas que discutían se callaron abruptamente.
Enojada me dirigí a la zona roja donde Camila era la única chica de azul y Sofía al parecer había entablado amistad con un regordete hombre que a pesar de vestir con los colores de los búfalos rojos, todo en él gritaba rockero de corazón, sobre todo por la abundante barba en su rostro, la bandita en la cabeza y los incontables tatuajes en su cuerpo.
Estaba por llegar a ellas cuando las luces del estadio se apagaron dando inicio al show de apertura en donde la verdadera Dami se presentaría. Bufé cuando por segunda vez las perdí de vista, debía al menos llamarlas, iba a sacar mi celular pero recordé que lo había dejado en el bolsillo trasero de mis pantalones, los mismos que se quedaron en donde dejé a un hombre golpeado muy bajamente.
—Mierda —murmuré antes de ser jalada con fuerza hacia una escondida esquina.
Una gran mano tapó mi boca callando cualquier palabra proveniente de mí, tampoco es como si alguien fuera a oírme o que yo me atreviera a hablar después de fijarme en quien era.
—Estás en problemas, preciosa —soltó, sonriendo con suficiencia —. Te soltaré para que puedas responder, pero si llamas la atención haciendo otro de esos trucos para inmovilizarme juro que...
Se cortó al verme poner los ojos en blanco con aburrimiento. Este definitivamente no estaba siendo un día muy fácil y mis gestos me delataban.
—¿Quién eres? —preguntó directo, sacando su mano de mi boca pero sin abandonar la corta distancia entre ambos.
—No tu novia —respondí ingeniosa.
Él volvió a sonreír... ¿Por qué jodidos no paraba de hacerlo?... Se veía encantador.
—Muy lista —opinó —, pero vas a querer decírmelo ahora —aseguró, sacando mi celular del bolsillo de su chaqueta.
Mis ojos se abrieron con un fugaz apitise de miedo y pánico, tanto que mis manos intentaron quitárselo con evidente fracaso.
—Hablé con tu abuelo —me dijo tranquilo —, es un hombre bastante simpático —opinó —, me pregunto si sabe que su nieta suplanta identidades —atacó sin disimulo.
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Invisibles
Fiksi RemajaAveline Morris estaba acostumbrada al dolor, después de todo su propia madre era la causante de ello. Sabía que quedarse callada era la mejor opción. Sabía que mientras se mantuviera lejos de las personas estaría a salvo. Sabía que debía permanecer...
