Rydian Monroe.
Hay momentos en los que el equilibrio natural de la vida tambalea, y aunque trates de aferrarte a lo que conoces, sientes que algo empieza a cambiar. No sabes si es bueno o malo, solo que está ahí, esperando que lo reconozcas.
Eso es lo que he estado sintiendo últimamente, y para alguien que se tuvo que acostumbrar a las certezas, a la estructura rígida del juego y de la vida misma, es desconcertante. Durante los últimos 5 años, he manejado todo bajo una lógica clara: cada paso que doy, cada decisión que tomo, está perfectamente orquestado. Pero ahora, hay una variante que no puedo ignorar, una nota fuera de lugar en la sinfonía bien ensayada de mi vida... y tiene un nombre: Destiny Harris.
No sé exactamente qué es lo que provoca en mí. No es que tengamos largas conversaciones personales ni intercambiemos secretos ocultos. Nuestra interacción ha sido principalmente profesional, incluso si la chispa de su carácter se hace imposible de ignorar.
Me gusta pensar que solo es admiración. Después de todo, no se puede negar que es una mujer impresionante. Pero hay algo más, algo que no logro entender del todo, y eso es lo que me inquieta.
No debería importarme. Ni debería estar pensando tanto en esto. Tengo a Mónica, una relación estable y una boda en el horizonte acompañada de un sinfín de expectativas que cumplir. Pensar en otra cosa, en alguien más, no tiene sentido. Pero aun así, cada vez que Destiny está cerca, algo dentro de mí parece querer desafiar esa lógica.
Y eso, más que cualquier otra cosa, me asusta. Porque no sé si es el tipo de cambio que debería permitir o si es solo una prueba más para aprender a mantenerme firme.
El problema es que cada vez que pienso haber encontrado una respuesta, ella aparece y me deja de nuevo en el borde de la incertidumbre, preguntándome dónde carajos estuvo antes de conocernos, y por qué eso me importa tanto.
Sin querer apreté más el acelerador y el manubrio de mi coche, sintiendo una pequeña molestia en mi pecho, que se expandia a todo mi cuerpo hasta terminar en mi mente llena de preguntas.
Agradecí internamente que Mónica no haya querido asistir conmigo a la cena familiar de todas las semanas; a veces, casi siempre, era muy frustrante tener que soportar sus comentarios fuera de lugar y sus opiniones algo... distorsionados. Es una gran mujer, por eso me estaba casando, pero ahora, comenzaba a sentir molestia al tenerla cerca, lo que aumentaba mi mal humor.
Al llegar a casa de papá estacioné junto a su coche y no pude pasar por alto unos hermosos tulipanes violetas cercanos a la entrada, lo que me hizo fruncir el ceño; papá jamás había sido hombre que le gustasen las flores, según lo que recuerdo, y menos que estuvieran tan cerca de casa, con suerte los soportaba en el jardín, ¿por qué ahora...?
Toqué la puerta y Orlando, el mayor domo de papá, me abrió para guiarme a donde todos estaban. Fue cosa de poner un pie en la sala de estar, que mi corazón se detuvo por unos segundos.
Mierda.
-Buenas noches -dije, sin apartarle los ojos de encima.
-Buenos días, señor Monroe -le oí decir, y no sé porque el hecho de que se dirigiese a mí con tanta formalidad me molestó.
-Por ahora, solo llámeme Rydian -le pedí -, y puede tú tearme.
Ella sonrió.
-Entonces tú también puedes tú tearme -declaró, haciendo que la molestia que sentía disminuyera.
Vi a papá que decía algo, pero no le estaba prestando atención, menos cuando tomé asiento junto a ella en el sofá y su dulce aroma me inundó. Quería acercarla para hundirme en su cuello y olerla mucho mejor, quería ver que había debajo de ese suéter rojo que llevaba y...
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Invisibles
Teen FictionAveline Morris estaba acostumbrada al dolor, después de todo su propia madre era la causante de ello. Sabía que quedarse callada era la mejor opción. Sabía que mientras se mantuviera lejos de las personas estaría a salvo. Sabía que debía permanecer...
