Destiny Harris.
¿Se supone que viva con esta sensación de estar volando cada vez que lo veo? ¿Qué tenerlo cerca no eriza mi piel? ¿Qué todo mi cuerpo y corazón no tienen un extraño anhelo por él?
Vaya locura.
Todo en realidad, los días habían comenzado a pasar demasiado rápido y locos. Ya casi no veía a mi familia porque me lo pasaba preparando informes para Rydian o en ensayos de baile o canto que tanto Magda como Ricardo se encargaban personalmente de que asistiera.
Extrañaba a mis niñas y las tardes en la pista de hielo con Jeremi... aunque no me quejaba, pues Rydian estaba exactamente junto a mí en todos los procesos por los que estaba pasando. Para mí desgraciado mal, si bien la presencia de Mónica se había convertido en un mero fantasma, cada vez que nuestras miradas colisionaban o un simple toque nos rosaba, ella aparecía en mis pensamientos, reclamando su lugar como mujer y futura esposa.
Suspiré observando la oscuridad de al rededor, lo único brillante eran las luces de los automóviles y las estrellas que cada vez se volvían más pequeñas. Había sido un gran día, agotador, pero maravilloso. Sonreí y noté mi aliento chocar contra el cristal de la ventana, empañándolo.
—¿Puedes dormir si quieres? —escuché decir a Rydian, quien iba conduciendo.
Habíamos abandonado las formalidades y simplemente comenzamos a hablarnos de tú, no solo en la oficina, sino en todo general, y me gustaba más de lo que admitía; todo se estaba volviendo tan natural entre nosotros y tan rápido que me daba un miedo terrible de que en cualquier momento toda la tranquilidad desapareciera.
No recordaba cuando fue el día en que pude estar tan llena de pendientes y aún así estar en paz, contenta y plena... ahora lo estaba, podía distinguirlo mucho mejor: él me daba esa seguridad de que todo saldría bien, de qué no importaba cuanto hubiera por hacer, a su lado todo era más sencillo.
—Aún queda una hora para llegar, prefiero mantenerte despierto; sé que estás cansado también—confesé, aunque en las dos horas que llevábamos de viaje, jamás le hablé.
Él soltó una risa baja.
—Te he dicho que tengo buena resistencia para estas cosas —dijo con un tono divertido, pero con un cansancio apenas disimulado en su voz.
Lo miré de reojo, sus manos firmes en el volante, los ojos fijos en la carretera iluminada solo por los faros del auto. Tenía ojeras, pequeñas pero visibles, y su cabello un poco más largo y desordenado, a parte de pequeños rastro de barba que comenzaban a crecer. Estaba tan sumergida en todos mis sentimientos que fue exactamente en ese momento que me percate de lo evidente.
—No has estado durmiendo bien —declaré segura de lo que estaba diciendo.
Él me lanzó una mirada fugaz, pero significativa, lo supe enseguida.
—Digamos que con los preparativos para la boda, las reuniones para cumplir con nuestra parte del trato y los ensayos, no he tenido mucho tiempo de descansar —explicó, pero podía notar que había algo más que no me estaba diciendo, sin embargo decidí no indagar... al menos por esta noche.
Mantuve mi mirada en su atractivo perfil, realmente era guapo, pero su intelecto y su carisma lo hacían un hombre totalmente deseable. Lo me hacía casi imposible entender como es que se estaba por casar con una mujer tan despota y malvada.
El recuerdo de aquella vez en el estadio me hizo removerme en mi asiento, él había sido un caos demasiado agradable en ese momento, su insistencia al ir en mi encuentro tras tremenda patada en su punto débil, su generosidad con mis hermanas, y ese beso que últimamente lo repito demasiadas veces en mi mente, me están volviendo loca.
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Invisibles
Teen FictionAveline Morris estaba acostumbrada al dolor, después de todo su propia madre era la causante de ello. Sabía que quedarse callada era la mejor opción. Sabía que mientras se mantuviera lejos de las personas estaría a salvo. Sabía que debía permanecer...
