Aveline Morris estaba acostumbrada al dolor, después de todo su propia madre era la causante de ello. Sabía que quedarse callada era la mejor opción. Sabía que mientras se mantuviera lejos de las personas estaría a salvo. Sabía que debía permanecer...
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¿Alguna vez has sentido que la vida es demasiado larga y tú demasiado débil para sobrellevarla? Porque yo sí. Yo lo sentía todo el tiempo, cada segundo de cada hora estaba ahí como un recordatorio de lo miserable que era mi vida.
¿Estaba bien sentirse de ese modo?
Creía saber la respuesta, creía entender que sí; que está bien sentirse así de mal, pero la realidad golpea y esta no sería la excepción, queríamos soluciones y eso íbamos a tener, aunque a veces se sintieran como más problemas.
Mi nombre es Aveline Morris, y desde que tengo memoria nunca he sido una chica muy sociable, y no es que quiera ser de esa forma, sino que la gente suele no notarme, ellos simplemente pasan de mí como si fuera invisible. Solía deprimirme ante el hecho de que nadie supiera mi nombre, que nadie me conociera, pero con el tiempo aprendí a superarlo y a vivir con eso.
Si algo tengo que rescatar de todo este asunto de mi don para no ser vista, es que puedo decir con certeza que las personas que me rodean son cien por ciento leales, o solían serlo, ya que la única persona en el mundo que logró verme y quererme; murió. Es algo triste, lo sé, pero nadie puede prevenir lo que no se veía venir.
La muerte de aquella persona fue como un tsunami que arrasó con todos los cachitos que quedaban de mi ya roto corazón, él me dejó tan rápido, tan de sorpresa, que cuando me enteré que se había ido para siempre, que ya no volvería a oír su voz ni volvería a ver esos brillantes y encantadores ojos verdes, comprendí muchas cosas.
Entendí que los para siempre no existen mientras sigas viviendo, entendí que los para siempre solo se hacen realidad cuando lo más real te toca, cuando dejas de existir y llega tu final, cuando dejas de respirar y cierras los ojos para perderte en la eternidad... Para perderte en un para siempre.
Ahora lo sé y es jodidamente jodido, ¿por qué? Porque desde que lo comprendes algo en ti cambia, algo muere y algo se pierde, y duele, duele tanto que te quema el pecho y la única forma de aliviar ese dolor es llorar, pero aun haciéndolo no deja de doler.
Mi vida no ha sido fácil, ¿pero para quién sí? Creo que para todos es difícil, todos sufren de algún modo, todos cargamos con cosas que están fuera de nuestro alcance y eso frustra, cansa y agobia. Eso me lo enseñó un chico que me ayudo a salir del agujero en que me dejó perder a mi único y mejor amigo, un hombre que me hizo volver a creer en el mundo, en el amor y en la vida. Dicen que para todo hay una primera vez; un beso, un abrazo, una sonrisa correspondida, una relación amorosa e incluso la muerte, así que aquí voy, aquí va la primera vez que contaré mi historia. Nuestra historia.
Tic - Tac - Tic - Tac...
Mire la hora en el reloj colgado en la pared de mi habitación, «¡llegaré tarde!» tomé mi mochila, mis libros y corrí a la habitación de mamá para despedirme de ella. Abrí la puerta lentamente sin emitir ningún ruido, camine hasta su cama y la observe detenidamente; su cabello color cobrizo está revuelto y esos lindos ojos grises están escondidos bajo sus cerrados párpados, su cuerpo está boca abajo y uno de sus brazos cae al costado de la cama haciendo que su mano rose el piso, la culpa vuelve a mí cuando miro su muñeca vendada, mis ojos se llenan de lágrimas, es inevitable no recordar ese día.