Destiny Harris.
Estaba alucinando, pero en el buen sentido. Me sentía más viva que nunca, tanto que temía que fuera un sueño, y es que el cambio que estaba tomando todo me traía una emoción tremenda, pero también un terror que me hacía sentir el estómago revuelto.
—¿Se ejercita?
La pregunta de mi jefe me hizo regresar de mi viaje lleno de adrenalina.
—No, la verdad no —respondí sin más.
Él mantuvo su vista observando a todos los presentes con cordialidad fingida, pero sabía que yo tenía toda su atención.
—Entonces estoy impresionado —confesó —, usted sin duda podría dejar a cualquiera sin brazo —añadió, y fue cuando me di cuenta de la fuerza con la que le estaba sujetando su brazo.
—Lo siento —me disculpé avergonzada, soltando mi agarre al instante.
Él soltó una risa ronca y bajita, pero que tuvo un efecto explosivo en mí. Me sentía tan nerviosa, pero a la vez tan cómoda que realmente me provocaba querer descubrir a qué se debía tanto alboroto.
—No se tiene porqué disculpar, Destiny —dijo relajado —. Sin usted abría perdido un contrato millonario —confesó —, así que tiene derecho a darme un poco de molestias si eso la hace sentir bien —declaró, y algo en mi estómago se movió.
No podían ser mariposas, menos porque literalmente estaba recién conociéndolo, eso y que es mi jefe que está comprometido... ¡Comprometido!
Aun así le mantuve la mirada, una brillante y muy fuerte. Él parecía ser un hombre fuerte, de esos que habían pasado por una gran batalla, pero que aún no perdían su alma del todo, sino al contrario, la mantenían intacta.
—¡Fabuloso! —exclamó una alegre voz.
Yo miré casi enseguida a la mujer que venía acompañada de un serio, pero atractivo hombre. Sintiendo la mirada de Rydian aún en mi, penetrando mi piel hasta llegar a mis pensamientos que me atreveria locamente a admitir que él podía escucharlos.
—¡Simplemente magníficos! —comentó aserrándose para darme un efusivo abrazo, como si nos conociéramos de toda la vida.
—Magda —le saludó el castaño, apartando por fin su atención de mí —. Ricardo —saludó al hombre que venía con ella.
—¿Por qué no me dijiste que ya lo habías dejado con la espantosa de...?
—Cariño —la interrumpió su acompañante —, la vida amorosa de nuestros amigos no son de nuestra incumbencia —le dijo como recordándole algo que ya debería de saber por las muchas veces que ya se le había explicado.
Ella rodó los ojos, aburrida.
—Mónica no es mi persona favorita y lo saben —explicó —, y lamento no mostrarme triste ante la noticia de su rompimiento —soltó honesta.
—No lo hemos dejado —habló Rydian, para nada molesto ante los dichos de su amiga.
Ella le miró confundida.
—¿Me dices que no estás con este mujeron de cabello de fuego? —inquirio incredula.
Yo me aclaré la garganta algo avergonzada por el alago y lo que estaba insinuando.
—Soy su nueva secretaria —le expliqué —, asistente o como le quiera decir.
Ella me miró por unos segundos antes de compartir una mirada extraña con su acompañante.
—¡Pero que chica más simpática! —comentó, enganchando su brazo con el mío —Deberíamos ser amigas, pareces ser... interesante.
Yo le di una sonrisa genuina.
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Invisibles
Novela JuvenilAveline Morris estaba acostumbrada al dolor, después de todo su propia madre era la causante de ello. Sabía que quedarse callada era la mejor opción. Sabía que mientras se mantuviera lejos de las personas estaría a salvo. Sabía que debía permanecer...
