Un día, mientras cerrábamos la cafetería, Don Felipe me dijo algo que nunca olvidaré.
—Recuerda siempre, hija, que la vida es como esta cafetería. A veces los clientes son difíciles, a veces el trabajo es agotador, pero cada día tienes la oportunidad de hacer una diferencia en la vida de alguien. Y eso es lo que realmente importa.
Un nublado día de febrero, una mala noticia llegó a mi vida. Estaba dormida cuando el despertador, a punto de sonar, quedó opacado por el repiqueteo insistente del celular. Contesté sin mirar el número, todavía medio aturdida por el sueño.
—¿Hola? —dije, con la voz entrecortada.
Una voz desconocida respondió, temblorosa y nerviosa.
—Perdona, ¿quién eres? —pregunté, tratando de aclarar mi mente aún somnolienta.
El hombre al otro lado del teléfono parecía joven y agitado.
—Soy... soy Mateo, del hospital. Necesito hablar contigo sobre Felipe.
El nombre de Felipe me sacudió de inmediato. Me levanté de la cama de un salto, buscando mejor cobertura en el baño, donde a veces la señal era más fuerte.
—¿Qué ha pasado? —dije, mi corazón latiendo con fuerza.
La voz de Mateo se hizo más clara, pero también más angustiada.
—Es Don Felipe. Ha tenido un accidente grave esta mañana y... bueno, está en estado crítico.
Las palabras se quedaron suspendidas en el aire, golpeándome como una tormenta. La seguridad que había encontrado en la cafetería y en la amistad de Don Felipe se tambaleaba de repente. Sentí que el suelo bajo mis pies se desvanecía.
—Voy para allá —logré decir, colgando antes de que mi voz se quebrara.
Salí del apartamento apresuradamente, el frío de la mañana de febrero se colaba por mi abrigo sin que yo lo notara. Mi mente estaba en una especie de niebla, enfocada solo en llegar al hospital.
El trayecto pareció interminable, pero finalmente llegué. En la sala de espera, el ambiente estaba cargado de tensión y silencio. Mateo, un enfermero joven con ojos cansados, me reconoció y se acercó.
—¿Eres la chica que trabaja con Felipe? —preguntó, y yo asentí, sin encontrar palabras.
—Él siempre habla de ti. Quería que supieras... por si pasaba algo.
Me guiaron a una sala donde yacía Don Felipe, rodeado de máquinas y cables. Verlo así, tan frágil y vulnerable, rompió algo dentro de mí. Me acerqué lentamente, tomando su mano fría en la mía.
Los días siguientes fueron un borrón de visitas al hospital y noches sin dormir, preocupada por el estado de Don Felipe. La cafetería, mientras tanto, continuaba funcionando, y tuve que aprender rápidamente a manejarla sin su guía.
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HISTORIA DE LEYLA
Teen Fiction**Después de recibir una segunda carta amenazante del banco, Leyla Banks ve cómo su vida comienza a desmoronarse como un castillo de naipes.** Con las deudas asfixiándola y el reloj marcando un ritmo implacable, Leyla se encuentra al borde de perd...
