Recién salido de Alcohólicos Anónimos, Óscar es frágil, lleno de dudas y consciente de sus errores.
Lleva consigo el peso de sus malas decisiones, especialmente la obsesión por el control y el juicio hacia su hijastra, Kika, que finalmente lo alejó aún más de ella.
Aunque no ha aprendido a aceptar plenamente sus gustos y elecciones, en el fondo sabe que necesita hacer las paces con ella si quiere alguna oportunidad de redimirse.
El resentimiento que solía sentir hacia su exesposa, quien lo dejó en gran parte por sus problemas con el alcohol y su comportamiento controlador, sigue presente, aunque en menor medida.
Ahora lo acompaña una profunda tristeza al darse cuenta de que sus intentos de control lo llevaron a perder a las personas que amaba.
Óscar está cansado, pero en el fondo aún guarda una chispa de esperanza: recuperar a Kika y reconstruir una relación que nunca llegó a ser lo que él deseaba.
Óscar se sentó en la silla frente a la cama, donde Kika estaba, sin levantar la vista de su teléfono. Carraspeó, sintiendo la incomodidad entre ellos crecer en el silencio. Después de unos segundos, Kika alzó la vista, su expresión era de paciencia forzada.
Óscar caminaba sin rumbo, las manos hundidas en los bolsillos y la mirada perdida en el asfalto húmedo.
La ciudad seguía con su ritmo incesante, indiferente a su dolor, pero él apenas la notaba. Sin darse cuenta, sus pasos lo llevaron hasta el barrio donde había vivido con su esposa y Kika.
Las calles familiares lo recibieron con una mezcla de nostalgia y amargura; cada rincón parecía guardar un recuerdo que se resistía a desaparecer.
Se detuvo frente al edificio de ladrillos rojos donde aún podía imaginar la ventana del cuarto de Kika, con aquellas luces de neón que ella colgaba en la pared y que a él siempre le parecían fuera de lugar. "Solo luces", pensaba entonces, pero ahora ese detalle era una punzada en el pecho, una señal de cómo poco a poco se había ido distanciando de ella, de cómo nunca entendió sus formas de expresión.
El recuerdo de su última conversación con Kika se deslizó en su mente, nítido y doloroso
—Sé que he cometido muchos errores contigo —comenzó él, con voz baja y tensa—. Sé que no soy... la persona que necesitas ahora, o tal vez nunca lo fui.
Kika mantuvo la mirada fija en él, los brazos cruzados, sin decir nada. Óscar tragó saliva, sintiendo un nudo de emociones que había reprimido demasiado tiempo.
—Lo que quiero decir es que... me equivoqué. Con todo. Con cómo te traté, con lo que dije sobre ti... —hizo una pausa, buscando las palabras—. Solo quiero que sepas que... que estoy intentando cambiar, Kika.
Ella levantó una ceja, una chispa de escepticismo brillando en su mirada. Su voz fue baja, pero afilada.
—¿Y qué? ¿Eso lo borra todo? ¿La forma en que me mirabas, como si fuera alguien de quien te avergonzabas? —dijo ella, su voz llena de resentimiento contenido—. ¿Sabes lo que es vivir sintiendo que tu propio padre te juzga todo el tiempo?
Óscar se llevó una mano a la frente, sintiendo el peso de sus palabras como un golpe. Sus intentos de justificarse se desvanecieron; no tenía nada que pudiera hacer retroceder el tiempo.
—No espero que me perdones, Kika. Solo... —se interrumpió y respiró hondo, mirando el suelo—. Solo quiero que sepas que lamento haberte hecho sentir así. Me equivoqué al juzgarte. Yo mismo ni siquiera sabía quién era, y tú estabas ahí... buscándote, encontrándote, y yo solo lo complicaba todo.
Kika permaneció en silencio, su expresión suavizándose apenas.
—¿De verdad crees que es tan fácil?
—susurró finalmente, y en su voz se asomaba una leve tristeza—.
No puedes deshacer los años de errores, Óscar. Pero... si realmente quieres cambiar, tienes que demostrarlo. Porque las palabras ya no me sirven.
Óscar asintió, con los hombros caídos.
—Lo haré. No sé cómo, pero lo haré.
Kika lo miró, sus ojos buscando señales de sinceridad. Y en ese momento, aunque las heridas seguían abiertas, ambos entendieron que aquel era solo el primer paso en un largo camino.
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HISTORIA DE LEYLA
AksiHISTORIA DE LEYLA Leyla Banks tiene veinte años y una vida que se derrumba a toda velocidad. Las cartas del banco se acumulan sobre la mesa. Las facturas impagadas ahogan cualquier intento de salir adelante. Y el hogar que siempre creyó seguro está...
