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Kika observaba a Leyla y a Esther desde la distancia, escondida detrás de un árbol en el parque. Las dos reían y compartían algo que Kika nunca había podido comprender del todo. La risa de Leyla, tan despreocupada y abierta, contrastaba con la naturaleza amable, pero reservada de Esther, y era eso lo que, para Kika, hacía imposible la amistad entre ambas.

Para Kika, había algo molesto en la sencillez de esa amistad, en cómo Leyla y Esther parecían pertenecer a un mundo sin complicaciones, un mundo en el que ella nunca había sido invitada a formar parte. A Kika le molestaba ver cómo Esther se transformaba alrededor de Leyla, volviéndose alguien más feliz, más suelta, algo que Kika, a pesar de todos sus intentos, nunca lograba provocar en su amiga.

Y eso la enloquecía.

Al acercarse a ellas, Kika preparó su sonrisa y calculó cada paso. Sabía que Esther la invitaría a sentarse. Sabía que Leyla, siempre tan ingenua, fingiría una sonrisa, aunque sus ojos dijeran lo contrario. Y a Kika eso le divertía. Ella estaba segura de que, tarde o temprano, lograría hacer que Esther se diera cuenta de algo: Leyla no era su amiga. Solo estaba usando su amabilidad para sentirse mejor consigo misma, o al menos eso se repetía Kika en su mente.

"¿Otra vez aquí?" preguntó en un tono casual, fingiendo desdén.

Vio cómo Leyla se tensaba, cómo sus dedos apretaban la esquina de su mochila sin que nadie más lo notara. Era un pequeño triunfo, una señal de que había conseguido perturbar la calma de esa amistad perfecta. No era odio lo que sentía hacia Leyla, sino una mezcla de resentimiento y celos, una frustración acumulada que no sabía cómo expresar.

Mientras conversaban, Kika soltó la bomba que llevaba días planeando, fingiendo inocencia pero eligiendo cuidadosamente cada palabra. Sabía que Esther probablemente le habría contado a Leyla sobre sus salidas, pero también sabía cómo manipular esa información, cómo hacerla sonar a su favor. Para Kika, se trataba de control, de asegurarse de que la balanza siempre se inclinara hacia ella.

"Leyla, ¿te lo ha contado Esther?" lanzó la frase como quien tira una moneda al aire, sin saber aún el resultado, pero esperando verlo todo caer en su favor.

Cuando vio la expresión en el rostro de Leyla, una mezcla de sorpresa y decepción, Kika sintió una satisfacción que no sabía cómo explicar. Era como si, por un breve instante, hubiera ganado algo que le pertenecía. Esther trató de calmar la situación, pero Kika sabía que ya había plantado una semilla. Y como cualquier buena estratega, decidió seguir empujando.

"Las amistades cambian, ¿no?" murmuró, dirigiendo cada palabra como una daga sutil. La sonrisa en su rostro ocultaba la frialdad que sentía en su interior, una especie de vacío que solo se llenaba al ver la tensión en los ojos de Leyla y la incomodidad en el rostro de Esther.

Pero la reacción de Leyla fue inesperada. En lugar de retirarse o mostrar más inseguridad, Leyla le sostuvo la mirada.

 A Kika eso le irritó profundamente. Nadie le hacía frente de esa manera. Esther estaba visiblemente incómoda, sin saber a quién apoyar, pero Leyla parecía haber recuperado el control, y eso a Kika le resultaba intolerable.

"Bueno, cuando quieras hablar de cosas importantes, ya sabes dónde encontrarme." Con esas palabras, Kika intentó retomar la superioridad y se marchó, dejándolas atrás, como piezas en un tablero donde solo ella controlaba las reglas.

 Caminó rápido, sin mirar atrás, pero la irritación seguía latiendo en su interior. De alguna manera, Leyla había logrado resistir el golpe, y eso solo hacía que Kika sintiera aún más ganas de romper esa amistad.

Mientras se alejaba, el eco de las risas de Leyla y Esther la perseguía, como una sombra, recordándole que aún no había ganado. Pero Kika no era alguien que se diera por vencida. Tenía una determinación insaciable, y en su mente, todo era cuestión de tiempo.

Esa relacion iba a romperse.  Solo necesitaba descubrir el movimiento adecuado.



HISTORIA DE LEYLAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora