Capítulo 32 ⚘️

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Desperté lentamente, otro día para estudios, otro día más sin saber nisiquiera mi nombre. Estoy cansada de ser un libro en blanco que no tiene ni dedicatoria.

Un dolor leve me recorrió la cabeza al intentar recordar algo, cualquier cosa. Pero no había nada. Solo oscuridad.

Oí pasos fuera de mi habitación y supe que el doctor Shepherd llegaría pronto. Es el psiquiatra que se encarga de mi caso. Me hace mil pruebas distintas para tratar de recuperar mi memoria.

Me senté en la cama y miré mi reflejo en el espejo que había en la pared. No reconocí a la mujer que me devolvió la mirada. ¿Quién soy? ¿Qué pasó conmigo?

El doctor Shepherd entró en la habitación con una sonrisa amable.

— Buenos días — dijo.

— Buenos días — respondí, tratando de sonar seguro.

El doctor Shepherd comenzó a explicarme el plan para el día. Más pruebas, más exámenes. Querían saber qué había pasado conmigo, cómo había perdido la memoria.

Asentí, aunque no entendía nada. Solo quería recordar algo, cualquier cosa.

La enfermera entró con una bandeja de instrumental médico.

— Hoy vamos a hacer una resonancia magnética — dijo el doctor Shepherd.

Me sentí nervioso. No sabía qué esperar.

— ¿Y si no funciona? — pregunté.

El doctor Shepherd me miró con compasión.

— No nos rendiremos — dijo. — Encontraremos la manera de recuperar tu memoria.

Quería creerle. Quería recordar quién soy y qué pasó conmigo. Pero la duda me consumía.

¿Y si nunca recuerdo? ¿Y si estoy atrapada en esta oscuridad para siempre?

Para la hora del almuerzo, decidí salir de mi habitación y buscar algo de comer en la cafetería del hospital. Me sentía un poco aburrida y necesitaba un cambio de escenario. Pedí un bocadillo y una bebida, y luego salí al jardín para disfrutar del sol y del aire fresco.

Me senté en un banco y miré hacia la calle, admirando los autos que pasaban. Era relajante ver la vida fuera del hospital, aunque solo fuera por un rato.

De repente, escuché una voz familiar detrás de mí.

— ¡Brillitos! ¿Qué haces aquí?

Me giré y sonreí al ver a Daniel, un chico rubio de ojos azules que había sido mi compañero desde que llegué. Siempre me llamaba "Brillitos", aunque no sabía por qué.

— Solo disfrutando del sol — dije.

Daniel se sentó a mi lado y miró hacia la calle.

— Me encanta este lugar — dijo. — Es como un oasis en medio del caos.

Asentí, estando de acuerdo con él.

— ¿Cómo te va? — pregunté.

Daniel se encogió de hombros.

— Bien, la mejor parte de mí día es cuando paso tiempo con mi paciente favorita.

Daniel había estado en de guarda cuando me trajeron lueho de accidente, el se encargo de cuidar de mi. Me a contado que no se lleva muy bien con sus padres y que el unico miembro de su familia con quien habla es con su hermana melliza, apesar de todo, siempre mantenía una actitud positiva y una sonrisa en su rostro.

— ¿Y tú? — preguntó. — ¿Cómo te va con el doctor Shepherd?

Me encogí de hombros.

— No sé. Todavía no recuerdo nada.

Daniel me puso una mano en el hombro.

— No te preocupes, Brillitos. Tu memoria volverá. Estoy seguro.

Sonreí, agradecido por su apoyo.

— Gracias, Daniel. Significa mucho para mí.

Nos sentamos en silencio durante un rato, disfrutando del sol y de la compañía mutua. Daniel siempre había sido un buen amigo, y me alegraba tenerlo a mi lado en este momento difícil.

— ¿Sabes? — dijo de repente. — Creo que deberías salir más seguido. Te haría bien.

Me reí.

— ¿Adónde quieres que vaya? No recuerdo nada.

Daniel sonrió.

— No importa. Puedo mostrarte lugares nuevos. Y quién sabe, tal vez algo te haga recordar.

Me pareció una buena idea. Quizás, con la ayuda de Daniel, podría encontrar algo que me hiciera recordar quién soy y qué pasó conmigo.

❤️

Me levanté del banco y fui con Daniel hacia mi habitación. Era un lugar acogedor, con una ventana que daba al jardín del hospital. Nos sentamos en la ventana, con las piernas colgando hacia fuera, y miramos hacia el exterior.

— Me gusta sentarme aquí — dijo Daniel. — Es como si estuviera en otro mundo.

Asentí, entendiendo lo que quería decir.

— Siento que me hace falta algo — dije de repente.

Daniel me miró con curiosidad.

— ¿Qué es lo que sientes que te hace falta? — preguntó.

Me encogí de hombros.

— No lo sé. Mi memoria, supongo. Pero es más que eso. Siento que mi corazón está vacío.

Daniel se tensó ligeramente, y su mirada se desvió hacia la ventana.

— ¿Qué quieres decir con que tu corazón está vacío? — preguntó, su voz un poco más baja.

Me sentí un poco incómoda, pero seguí hablando.

— No sé. Es como si hubiera una parte de mí que está ausente. Una parte que debería estar llena de emociones, de sentimientos. Pero no está.

Daniel se giró hacia mí, y su mirada era intensa.

— Alex, no sabes qué pasó contigo — dijo. — No sabes qué te hizo perder la memoria. Tal vez...

Se detuvo, y su mirada se desvió hacia la ventana de nuevo.

— Tal vez qué — insistí.

Daniel suspiró.

— Tal vez perdiste a alguien importante — dijo. — Alguien que te hizo sentir completa.

Me sentí un golpe en el pecho, como si hubiera recibido un impacto.

— ¿Qué makes tú que digas eso? — pregunté.

Daniel se encogió de hombros.

— No lo sé. Es solo una sensación que tengo.

Nos sentamos en silencio durante un rato, mirando hacia la ventana. Me sentía confundida, y mi corazón estaba latiendo más rápido. ¿Qué había pasado conmigo? ¿Qué había perdido?

Daniel se levantó y se alejó de la ventana.

— Creo que ya debo irme— dijo— Es tarde.

Asentí, y me levanté también. Me sentía un poco desconcertado, pero agradecido por la conversación con Daniel. Tal vez, él tenía razón. Tal vez había perdido a alguien importante. Y tal vez, algún día, podría recordar.












 Y tal vez, algún día, podría recordar

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