Capitulo 34 ⚘️

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Charles

Me encontraba recorriendo el museo con Alex, admirando las obras maestras que nos rodeaban

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Me encontraba recorriendo el museo con Alex, admirando las obras maestras que nos rodeaban. Pero mi atención no estaba en las pinturas y esculturas, sino en ella. La manera en que sus ojos se iluminaban al describir cada detalle, la pasión con la que hablaba de arte... Me hacía sentir vivo.

Me sentí afortunado de tenerla a mi lado, de poder compartir esos momentos con ella. Sin duda, esa mujer era el amor de mi vida.

Pero, de repente, mi alarma sonó, interrumpiendo mi sueño. Me desperté con un sobresalto, y cuando abrí los ojos, me topé con la cruel realidad. No volvería a ver a mi Alex.

Me sentí como si me hubieran golpeado en el estómago. La pérdida era demasiado dolorosa. Limpie las lágrimas de mis mejillas, intentando recomponerme.

Me puse de pie, sabiendo que necesitaba hacer algo para desahogar mi dolor. Me dirigí hacia la puerta, sin saber dónde iba, pero sabiendo que necesitaba moverme.

Salí a la calle, y comencé a correr. El aire fresco me golpeó en la cara, pero no me importó. Necesitaba sentir el dolor físico para distraerme del dolor emocional.

Mientras corría, pensaba en Alex. En su sonrisa, en su risa, en su pasión por el arte. Me sentí afortunado de haberla conocido, de haberla amado.

Pero la realidad era cruel. Ya no estaba conmigo. Y yo estaba solo, con mi dolor y mis recuerdos.

Seguí corriendo, sin saber hacia dónde iba, pero sabiendo que necesitaba seguir adelante. Por Alex, por mí mismo.

La ciudad pasaba por mi lado, un borrón de colores y sonidos, pero yo solo veía a Alex. Siempre Alex.

Finalmente, me detuve, exhausto y sin aliento. Me apoyé en una pared, y miré hacia el cielo.

— Te amo, Alex — dije, en voz baja. — Siempre te amaré.

Me encontraba en la colina de Mónaco, mirando hacia el mar, perdido en mis pensamientos. La ciudad de lujo y glamour se extendía ante mí, pero mi mente estaba en otro lugar. Estaba con Alex, recordando nuestros momentos juntos, nuestra pasión, nuestra amor.

De repente, escuché una voz detrás de mí.

— Charles...

Me giré y vi a Vanessa, sonriendo, con una expresión de preocupación en su rostro.

— Hola, Vanessa — dije, intentando sonreír.

Vanessa se acercó y me abrazó.

— ¿Cómo estás? — preguntó, con sinceridad.

Me encogí de hombros.

— Estoy bien — mentí.

Vanessa me miró con escepticismo, pero no dijo nada. Sabía que había estado pasando por un momento difícil desde la pérdida de Alex.

— Gracias por venir a vernos — dije, intentando cambiar de tema.

Vanessa sonrió.

— Siempre estoy aquí para ti, Charles — dijo. —

Me sentí agradecido por su apoyo y cuidado. Vanessa había sido una roca para mí durante este tiempo, siempre estaba allí para escucharme, para hacerme compañía.

— Lo siento — dije, sintiendo una oleada de emoción. — No he sido muy buena compañía últimamente.

Vanessa me tomó la mano.

— No tienes que disculparte — dijo. — Estoy aquí para ti, siempre.

Nos sentamos en la colina, mirando hacia el mar, en silencio. Vanessa no dijo nada, solo estaba allí, acompañándome.

Después de un rato, hablé.

— Recuerdo cuando Alex y yo venimos aquí — dije, sonriendo. — le presente a mi familia.

Vanessa me apretó la mano.

— Sé que duele — dijo. — Pero ella siempre estará contigo, en tu corazón.

Asentí, sintiendo una lágrima rodar por mi mejilla.

— Gracias, Vanessa — dije. — Significa mucho para mí.

Vanessa sonrió y me abrazó de nuevo.

— Estoy aquí para ti, Charles — repitió. — Siempre.

Me levanté de la colina y Vanessa me tomó del brazo.

— Vamos a desayunar — dijo, sonriendo. — Necesitas comer algo.

Asentí, y juntos nos dirigimos hacia un restaurante cercano. La mañana era fresca y soleada, y el aroma del café y los croissants nos recibió al entrar.

Nos sentamos en una mesa junto a la ventana y pedimos nuestros desayunos. Vanessa se lanzó a hablar sobre la temporada de Fórmula 1, evitando habilidosamente el tema de Alex.

— ¿Crees que Hamilton ganará el campeonato este año? — preguntó, con interés aunque el campeonatode pilotosesta liderado por Max seguido de Lando y yo estoy en tercer lugar —.

Me reí.

— No lo sé — dije —.

Vanessa sonrió.

— Siempre has sido un gran fanático de Hamilton — dijo.

Asentí.

— Sí, desde que empecé a seguir la Fórmula 1.

La conversación fluyó fácilmente, y por un momento, pude olvidarme de mi dolor. Vanessa era una gran compañía, y su entusiasmo por la Fórmula 1 era contagioso.

Mientras desayunábamos, noté que Vanessa se esforzaba por mantener la conversación ligera y divertida. No mencionó a Alex una sola vez, y yo le estaba agradecido por eso.

Después del desayuno, Vanessa se levantó.

— Tengo que irme — dijo. — Tengo una reunión en una hora.

Me levanté y la abracé.

— Gracias por el desayuno — dije. — Y gracias por estar aquí para mí.

Vanessa sonrió.

— Siempre estaré aquí para ti, Charles — dijo. — No te preocupes.

Me sentí agradecido por su amistad y apoyo. Vanessa era una persona especial, y yo era afortunado de tenerla en mi vida.

La vi irse, y luego me senté de nuevo en la mesa, mirando hacia la ventana. La ciudad de Mónaco se extendía ante mí, llena de vida y energía. Pero mi corazón seguía estando vacío, sin Alex.








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No se ustedes pero yo no trago a Vanessa

DAYLIGHT|| Charles Leclerc Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora