Después de que salió Mora, Franco se dirigió a Rincón Del Luz, llegando allí, fue recibido por Vale que lo miraba de boca abierta.
Ese miró a la nena que tenía su cuaderno en manos.
— ¿Y vos quien sos?
— Bueno, lo mío es largo de explicar, pero me podés decir Fach. — el chico la miro.
— ¡Venís de otro universo!
— ¿De que estás hablando enana?
— Estás en mis cuentos Fach, sos el hijo de Belén y Alejo que vino a sacar al rubio del flikiti dormilón y allá en tu lado Florencia y Máximo existen en serio y la que hace de Margarita es literal la princesa de Krikoragan. Ella es Margarita Anna Calderón Dé La Hoya Santillan. — Vale reveló. — Escribo cosas que se hacen realidad y tu mamá también lo hacía.
— ¿De que hablas, nena?
— De que Abril no existe en tu universo, pero acá ella y Marcos cobraron vida porque Belén en sus ratos libres escribió una novela entera donde tu abuela se embarazaba y tenía a Abril mientras tu otra abuela Elizabeth Calderón Dé La Hoya que era gemela de la madre de Máximo tenía un hijo llamado Marcos. Lo que significa que acá ella sabía lo del portal y para no causar sufrimiento a tu familia ella hizo que Abril cobrara vida pero con eso, mitad de su alma reside en el cuerpo de Abril. — Vale soltó su lengua y empezó a mover sus manos frenéticamente. — Pero tu tía Abril no sabe de eso y ni lo puede saberlo porque eso le haría agarrar un flikiti existencial y ella ya tiene muchos de esos flikitis, prométeme que eso no va a salir de acá.
Franco se quedó mirándola, tratando de procesar toda la información. La intensidad de las palabras de Vale, mezclada con la determinación en sus ojos, lo dejó sin palabras por un momento. Sentía que, de alguna forma, ella sabía más de su situación que incluso él mismo, como si cada palabra que decía fuese una pieza de un rompecabezas que aún no entendía del todo.
— ¿Entonces... estás diciendo que mi mamá... Belén... sabía sobre el portal? — Franco preguntó finalmente, con una mezcla de incredulidad y sorpresa.
Vale asintió con entusiasmo, sosteniendo el cuaderno con fuerza.
— Exacto. Ella lo sabía, Fach. Y creo que, de algún modo, escribió esas historias para proteger a su familia. Pero lo que nunca imaginó es que esas historias se volverían reales. Abril, Marcos, todos esos personajes que inventó... ¡ahora existen de verdad! Son parte de nosotros.
Franco sintió un escalofrío. Nunca se había imaginado que su madre, Belén, hubiera podido hacer algo tan grande y poderoso. La idea de que pudiera haber creado a Abril para protegerlos era algo que le llenaba el pecho de emociones que no lograba identificar del todo.
— Pero… si lo que decís es cierto, ¿por qué ella no me lo contó antes? — preguntó Franco, mirando a Vale con una mezcla de desconcierto y angustia.
— Porque, como te dije, esto es algo que podría causar más dolor que ayuda — respondió Vale, bajando la voz como si estuviera compartiendo el secreto más profundo del universo —. Además, quizás ella pensó que nunca llegaría el momento en que te encontrarías con este otro mundo. Y ahora estás acá, Fach. Vos sos parte de esa historia.
Franco miró el cuaderno que Vale tenía en las manos, casi como si temiera que cobrara vida también. Este universo, sus secretos, sus conexiones con su propia historia… todo parecía tan inmenso y complejo que por un momento sintió el impulso de retroceder, de huir. Pero sabía que no podía, no después de todo lo que había aprendido.
— Entonces, ¿qué hago ahora? — preguntó finalmente, con un susurro que apenas era audible.
Vale le sonrió, una sonrisa llena de compasión y comprensión.
