Cap 46

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Belén rió conmovida y un poco asombrada. La claridad y madurez de Franco le seguían sorprendiendo, como si él pudiera ver los caminos que ella misma no lograba descifrar. Había en él una intuición casi profética, y, aunque su plan le sonaba ambicioso, supo que era una opción que valía la pena considerar. Su madre estaría feliz si ella decidía quedarse en la novela, y los recursos que obtendría serían más que suficientes para asegurarle a Sol un hogar estable.

— ¿Qué haría yo sin vos, Franco? De verdad, tenés ideas que me hacen ver todo con más sentido. — Belén lo abrazó con fuerza, sintiendo una gratitud inmensa.

Franco le devolvió el abrazo, consciente de que esa conexión era más profunda de lo que podía explicar. En su mundo, él también había encontrado fuerza en los demás, y, en esa familia que había hallado en el camino, Belén representaba para él una especie de madre que le daba el empuje para continuar.

— Sabés que te quiero un montón, Hadita —le dijo en un susurro, usando el apodo cariñoso que le había ocurrido.

— ¿Hadita? — ella rió suavemente —. Me gusta cómo suena. Me hacés sentir tan querida, Franco. Creo que a veces el destino nos pone cerca de personas como vos para que recordemos que no estamos solas. Y te aseguro que Sol va a querer tener un hermano mayor como vos.

Ambos se miraron con complicidad, y, sin decir una palabra, se comprendieron profundamente. Era como si el universo les hubiera dado un espacio para apoyarse mutuamente en esa noche serena, bajo el manto de las estrellas que iluminaban sus sueños y deseos.

Con una última sonrisa, Franco se separó suavemente de Belén, sintiendo que había cumplido su propósito de esa noche. Al final, la idea de quedarse en la novela no sólo le daría a Belén la estabilidad que Sol necesitaba, sino que también le abriría nuevas puertas, quizás más grandes de lo que imaginaba.

Mientras caminaba hacia su cuarto, Belén se quedó pensando en todo lo que habían hablado. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que la esperanza volvía a encenderse en su corazón. Franco le había recordado que, aunque los desafíos parecieran insuperables, siempre había un camino, siempre había un propósito. Con una última mirada hacia el pasillo donde el chico había desaparecido, murmuró:

— Gracias, Franco. Por todo.

En el universo del Mexitrucho, el día amanecía tranquilo, los niños se levantaban para ir al colegio y los adultos se quedaron en el hogar trabajando y ordenando sus vidas personales. 

Abril limpiaba el living mientras Cris hacia el almuerzo.  Sol revisaba los papeles del hogar y Marcos junto a Fach cuidaban del jardín. 

Gustavo sacaba Margarita, la perrita de Abril a pasear y jugaba con ella. 

En eso Gustavo se sentó en la plaza y se puso a pensar en lo que pasaría en su vida si Abril no hubiese existido y sintió un escalofrío terrible. 

Vio a si mismo viajando en el pasado para salvar a Belén y en cada intento frustrado, el mundo se sumergía en el caos, ese sintió una tristeza profunda imaginando ese escenario y pensando en lo cuánto las cosas habían cambiado cuando Abril había nacido.

En ese contexto el escenario era más esperanzado y él tenía una familia que aunque no fuera perfecta, era su familia. 

Cuando ese llegó a casa, Abril vio que estaba más pálido de lo normal y corrió a ayudarlo.

— Pa, acomodate, voy a alcanzarte un vaso de agua.  — Abril lo ayudó a sentarse. 

— N no, n necesito decirte algo.  — Gustavo le tomó de la mano.  — Vos hiciste de mí un hombre mejor, antes de vos yo era un desastre, tu nacimiento fue lo mejor que me ha sucedido, no puedo imaginar mi vida sin tenerte. 

CHIQUITITAS 2024Donde viven las historias. Descúbrelo ahora