Questions, crises and fear.

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Kayla

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Kayla

El pasillo se sintió aún más largo de lo habitual, y el ritmo frenético de mis pasos no ayudaba a disminuir el peso que sentía en el pecho. Los médicos y enfermeras corrían a su alrededor, pero yo no podía dejar de pensar en las decisiones que había tomado en la sala de operaciones. La vida de esa mujer había estado colgando de un hilo, pero al menos el bebé había sobrevivido. Aunque el precio fue alto. El precio siempre lo es.

"¿Qué más puede pasar hoy?", me pregunté, al escuchar las nuevas noticias de un código rojo.

Las luces del hospital parpadeaban ligeramente, como si el propio lugar estuviera agotado de tanto trabajo, de tanta vida y muerte atravesando sus paredes. Caminé hasta la sala de psiquiatría, mi mente luchando por mantenerse centrada en el trabajo. El día había sido largo, pero mi cuerpo y mi mente seguían en pie, sin descanso. No podía permitirme flaquear.

—¡Kayla! —me llamó Harper, desde el final del pasillo, mientras se acercaba rápidamente.

—¿Qué ha pasado? —pregunté, deteniéndome en seco.

—Un interno del ala psiquiátrica atacó a una enfermera. —Su rostro estaba grave, y yo podía ver el agotamiento en sus ojos—. Estaba fuera de sí, al parecer, empezó a gritar que "todos eran culpables", y la enfermera intentó calmarlo, pero… Bueno, ahora necesitamos asegurarnos de que el paciente esté bajo control.

Mi estómago se encogió ante la idea de tener que lidiar con otro paciente descontrolado. Había algo inquietante en las psiquiátricas, algo que siempre me hacía sentir como si estuviera caminando en territorio peligroso. No podía evitarlo: el comportamiento impredecible de algunos de esos pacientes me aterraba, especialmente cuando se sentían acorralados o en peligro.

—¿Está herida la enfermera? —pregunté, ya sabiendo que la respuesta no iba a ser buena.

—Un golpe en la cabeza, nada grave. Pero el tipo está fuera de control. Necesitamos intervención. —Harper se pasó una mano por el cabello, visiblemente tenso.

Me tomé un segundo para respirar, para aferrarme a lo único que podía darme calma en ese instante: el trabajo. La adrenalina siempre me ayudaba a mantener la concentración. Aunque… hoy ya había sido demasiado. Mis manos seguían temblando, y la fatiga empezaba a apoderarse de mi cuerpo, pero aún me quedaba algo de fuerza para enfrentar lo que fuera.

Avanzamos rápidamente por el pasillo, y al llegar a la sala, vi que varios enfermeros y guardias de seguridad estaban fuera de la puerta. Dentro, se escuchaba un caos indescriptible: voces altas, gritos, el sonido de algo siendo derrapado por el suelo.

Al abrir la puerta, la escena que nos recibió fue aún más caótica de lo que había imaginado. Un hombre joven, con las manos atadas a una silla, gritaba profiriendo amenazas sin sentido. Su cuerpo se sacudía violentamente, como si la rabia lo estuviera devorando desde adentro.

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⏰ Última actualización: 2 days ago ⏰

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