Timothée Chalamet

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Tipo: Smut fuerte
Lobos p2

|Timothée|

Esa noche...
Dioses, esa noche partió mi vida en dos.
Antes de TN.
Después de TN.

Porque follé con mi Luna como si ella fuera la única fuente de oxígeno en este mundo, como si mi cuerpo hubiese esperado toda mi vida para aprender a moverse con el suyo. Y cuando por fin la tuve... la tuve de formas que ya rozaban lo prohibido, lo primitivo, lo que solo un alfa haría con su hembra destinada.

La tomé contra la pared, sus piernas temblando alrededor de mi cintura, su espalda chocando contra el concreto mientras sus uñas se enterraban en mis hombros. La puse en cuatro, la hice gritar mi nombre, la lamí hasta que su cuerpo se arqueó como si quisiera quebrarse. Y ella me mamó con una necesidad que casi me hizo perder la cabeza.

Fue sexo sin reglas.
Sin control.
Sin tiempo.

TN me tomó entero y yo la devoré como si fuera mía desde siempre.
Pero incluso en ese estado, incluso con Hal rugiendo debajo de mi piel, mantuve un ápice de cordura: no la marqué esa noche.

Y TN... oh, TN se lo tomó como una ofensa personal.

—¿Estás de broma? —escupió, jadeando, su cuerpo aún temblando por el último orgasmo—. ¿No piensas marcarme?

Me habría reído si no estuviera tan cerca de perder otra vez el control.
Pero en vez de eso, la cargué, subiéndola a mis caderas; ella rodeó mi cintura con las piernas sin dudar un segundo. Le amasé el culo, fuerte, disfrutando cómo su respiración se quebraba cuando mis dedos se hundían en su carne.

—Voy a marcarte —le dije, mordiéndole el cuello—. Pero primero hablo con James. Y con Sophia.

Ella me miró como si acabara de decirle que planeaba mudarme a la luna.

—¿Qué? —bufó, indignada—. ¿Con mi padre? ¿Y con tu hija?

—Sí —respondí, sin desviar la mirada—. Soy el alfa y tu hombre. Y voy a hacer esto bien.

Su expresión cambió.
Se tensó.
Y en un movimiento que no vi venir, me empujó con tal fuerza que terminé boca arriba en la cama con ella sobre mí.
Me puse duro en un instante.

—Joder, TN... —gruñí, deslizando mis manos a sus caderas.

Ella apenas me dejó reaccionar. En cuanto me tuvo debajo, le hundí la cabeza en las tetas y me llevé una a la boca, mordiéndola, lamiéndola, sintiéndola arquearse contra mí.

Pero TN me agarró del cabello y me obligó a levantar la cabeza.
Con rudeza.
Con autoridad.

Y cuando vi sus ojos morados... estaban fríos. Congelados. Hermosos y peligrosos.

—Tienes una semana, Timothée —me dijo con una calma que me heló la sangre y me encendió toda la piel—. Máximo. Hablas con mi padre y con Sophia, o juro que la manada entera se va a enterar que me follaste esta noche... que me quitaste la virginidad.

Sentí a Hal presionar dentro de mí.
Sentí cómo mis músculos se tensaban.
Sentí cómo un gruñido vibraba en mi pecho.

Pero ella no había terminado.

—Y si de verdad quieres probar suerte —añadió, inclinándose sobre mí, sus labios rozando los míos—, buscaré a uno de los lobos jóvenes que me desean. Y follaré con él.

Mi visión se volvió roja.
Roja.

El simple pensamiento de otro macho tocando a mi hembra me incendió con una furia salvaje que apenas pude contener.
Hal embistió contra mis barreras internas queriendo salir, queriendo arrasar, queriendo marcarla allí mismo, hasta dejarla oliendo solo a nosotros.

One shots de Timothée ChalametDonde viven las historias. Descúbrelo ahora