King Hal

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Tipo: Smut

Muchos años después de los eventos de la película.

|Hal|

He aprendido que no existe gloria más dulce que la que uno toma con sus propias manos... ni mujer más preciosa que aquella que desafía la moral del mundo solo para abrirse para su rey. Esta noche, mientras el castillo vibra con los festejos de la boda de mi hijo, mi cuerpo entero arde con un deseo que ningún banquete, ninguna celebración, ha sabido calmar.

El vino corre, las risas llenan el gran salón y la corte finge ignorar la tensión que se arrastra como una serpiente entre las paredes. Los nobles chocan copas, las músicas resuenan, pero nada logra arrancarme la atención de donde realmente importa: de ella.

TN.

Mi princesa heredera.
La esposa recién coronada de mi hijo.
Mi amante desde hace casi un año.

La observo desde mi asiento, escondiendo mi hambre detrás de la copa de plata. Su vestido blanco cae sobre su cuerpo joven como la nieve sobre un campo recién conquistado. Sus ojos me buscan solo por un instante y ese instante basta para recordarme lo que ya es mío. Lo que siempre ha sido mío desde la primera noche en que la hice gemir sobre mi cama, con mis manos marcándole la piel y mis labios perdidos entre la dulzura de sus pechos.

En aquel entonces solo era la hija del archiduque. Ahora... ahora la tengo más cerca que nunca.

Un lacayo se acerca a mí, tembloroso. Percibo incluso antes de que hable el rumor tenso que trae consigo.

—Majestad... —baja la voz—. Los mensajeros han llegado. Es urgente. El príncipe heredero debe asistir a una reunión de guerra. Vos también.

Ofrezco una sonrisa suave, calculada. Qué conveniente resulta que el destino colabore con mi plan.

Me levanto despacio para que todos lo vean. Para que el archiduque crea que soy un rey comprometido, para que mi hijo crea que soy un padre que lo guía... y para que ella, mi preciosa TN, entienda que esta noche será mía, completamente mía.

Mientras salimos del salón, mi hijo camina a mi lado. Henry VI. Mi sangre, mi heredero... por ahora.

Sus ojos conservan esa mezcla de nervios y orgullo juvenil que me irrita más de lo que debería.

—Padre, es la noche de mi boda. ¿Realmente es necesario...?

—El deber no espera —respondo con voz grave, sin mirarlo—. Un rey sirve a su pueblo incluso en sus noches más esperadas.

Y él asiente. Siempre ha sido obediente. Demasiado.

La reunión militar no es más que un formalismo para justificar lo que vendrá después. El consejo expone las amenazas como si esperaran asustar a un muchacho que apenas ha probado la vida. Pero mi hijo no duda, no pregunta. Acepta su destino con una seriedad casi trágica.

—Partiré esta noche si así lo ordenáis.

Lo observo en silencio. Qué fácil será deshacerme de él más adelante. Qué útil es ahora.

Cuando regresamos al castillo, cada mecánica del plan que he construido pacientemente se activa sin fallos. Los lacayos del príncipe corren a avisar que la consumación debe postergarse. Que la princesa heredera debe descansar.

Pero una sola orden mía lo cambia todo.

La jefa de sirvientas, aquella mujer que también sirve a mi esposa, se arrodilla ante mí temblorosa. Le entrego el pequeño frasco con el veneno.

One shots de Timothée ChalametDonde viven las historias. Descúbrelo ahora