La historia detrás de los grandes himnos de Guns N' Roses, el gran amor oculto detrás de la banda más peligrosa del mundo, una ficción que es más realidad que fantasía.
Una mujer joven que quiere comerse el mundo y un hombre que todo lo que toca lo...
"A veces, solo a veces... retirarse no es rendirse, ni estar en contra es agredir. Cambiar no es hipocresía, y derrumbar no es destruir. Estar a solas no es apartarse, y el silencio no tener qué decir. Quedarse quieto no es por pereza, ni cobardía es sobrevivir. Sumergirse no es ahogarse, ni retrocedes para huir. No se desciende trastabillando, ni el cielo ganas por bien sufrir. Y las condenas no son eternas, ni por perdones vas a morir. A veces, solo a veces... Hace falta lograr soltarse, izar las velas, abandonarse, dejar que fluya, que el viento cambie, cerrar los ojos y enmudecer."
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Capítulo 38: Say Something
Christina
Salí del departamento, Mariah me había invitado a comer, había preparado algo especialmente para mi. Conduje hasta su casa mientras cantaba en todo el camino con la radio encendida, estacione en frente rezando porque no me sacaran una multa.
Tras timbrar en la casa de verde azulado, me abrieron rápidamente, Izzy apareció tras la puerta sonriendo, me inquiete al verlo, supuse que estaría con Axl en aquel evento, algo de angustia se instaló en mi corazón pero lo conocía tan bien que él no me mentiría, debía tener alguna razón.
—¿Qué tal linda?
—Hola flaco —le di un beso en la mejilla.
—¿Tienes hambre? —preguntó mientras seguíamos hacia el interior.
—Me comería un pavo entero.
Ambos reímos sentándonos en el comedor, mi amiga apareció con un delantal de ama de casa con estampado de flores puesto.
—Te luce —me burle.
Puso una vajilla en la mitad, tenía el postre, era una especie de tarta de chocolate con cubierta de chocolate y más chocolate, mi favorita.
Puso los ojos en blanco. —Tonta... llegaste justo a tiempo, la comida acabo de estar.
Sonreí entusiasmada y ella desapareció de nuevo en la cocina.
—¿Como te trata la vida hogareña?
Tenía la mirada baja. —Bien, no me quejo.
Izzy realmente se veía cada vez peor, creo que su adicción lo estaba afectando seriamente, en casa no solía consumir, tampoco es que Mariah lo permitiera, la verdad no era algo muy agradable de ver. Se veía opaco y desanimado.
—¿Has buscado ayuda?
Negó sonriendo con amargura sin mirarme. —Es cuestión de tiempo.