-¿Todo bien?
-Creo...
-Van a estar bien. ¿Ya le llamaste a tus hermanos?
-Cierto. —Busque mi celular como loca y llame a Alex
"-¿Bueno?
-Hola, ¿estás ocupado?
-No, ¿qué pasa?
-Bueno... Sabes, Marcelo y yo tenemos algunas cosas que decirles y quería ver si podían ir a la casa en la tarde.
-Claro, ahí estaremos Fernanda y yo.
-Muchas gracias. Te amo.
-También te amo..." Colgué y le sonreí a Marcelo.
-¿Lista? —Asentí y le di un beso, arrancó el carro, me dejo en la entrada del lugar. —¿No te da cierta nostalgia esto?
-Demasiada. —Sonreí. —Extrañare todo.
-Aún nos podemos arrepentir.
-¿Para qué? Bueno... Tengo que apresurarme, todavía quiero ir a casa de mi mamá para llevármela a la casa y decirle todo.
-Bueno, ten cuidado. Te amo. —Lo bese de nuevo.
-También te amo. —Camine hacia la dirección. —Buenos días, tengo una cita con la directora.
-Buenos días, ¿cuál es su nombre?
-Alana Lira Flores. —Asiente.
-Adelante. —Paso al pequeño cuarto que funge como dirección.
-Bueno días, señorita Lira. ¿Cómo está su bebé?
-Buenos días, directora... Bien, no hubo ni una sola complicación, de hecho, nació antes de tiempo.
-Me alegro que esté bien, ¿a qué se debe su visita?
-Bueno, como le comente meses atrás, planeaba seguir estudiando, pero por cuestiones familiares, mi novio y yo hemos decidido mudarnos al DF y por tanto seguiré mi carrera allí.
-Vaya, deben ser problemas muy fuertes.
-Algo así. —Después una pequeña plática y un sermón del porque debía seguir estudiando, me entrego mi papelería junto a un abrazo de despedida, mientras salía de la dirección escuche un grito, era Elia, corrió hacia mí y me abrazo.
-¿Qué haces aquí? Te he extrañado como loca, ¿cómo estás?
-Elia, bien, tranquila... Solo vine por una papelería.
-¿Pasa algo?
-Si... Pero te lo quiero contar en la tarde, mi mamá irá a mi casa junto al resto de mi familia, me encantaría que fueras, tengo algo que decirles.
-Vaya, está bien... En la tarde estaré en tu casa
-Gracias, te espero... Ahora te dejo, tengo otra vuelta y mi bebé me espera con Mireya. —Ella asintió, me dio un abrazo y salí corriendo a esperar un taxi, olvidaba lo cerca que estaba la casa de mamá de la escuela, cuando llegue mi mamá estaba barriendo el frente.
-Mi amor, ¿qué sorpresa que haces aquí?
-Vengo a secuestrarte. Tengo muchas cosas importantes que decirte, anda... —Ella suspiro.
-Bueno, déjame voy por las llaves del carro y mis cosas.
-Te espero. —Entro a la casa, cinco minutos después salió con sus cosas, subimos al carro y arranco.
-¿Y cuál es la sorpresa?
-No, como simple mortal esperaras a que lleguen todos para poder contarles a la par. —Ella soltó una carcajada y acepto. Llegamos a la casa, Mireya estaba viendo la tele y junto a ella estaba Daniel profundamente dormido.
-Hola, Alejandra.
-Mireya, ¿cómo estás?
-Muy bien. —Se saludaron, ambas trataban de llevarse bien.
-¿Y a quien más esperamos? —Dijo mi mamá.
-A mi papá junto a David, a mi hermano y a Eli. —Un rato después llegó Elia, después como si tuvieran horario, llego Fernanda junto a Alex, tras de ellos llego Marcelo, al final llegaron David y mi papá.
-¿Ya nos contarás qué está pasando? —Dijo Miguel.
-Si... —Marcelo sonrío. —Desde antes que naciera Daniel, Marcelo y yo hemos tenido la idea de mudarnos de la casa, ya que a Marcelo no se le hace adecuada para la crianza de un hijo, nuestros planes llegaron un poco más lejos de lo que pensamos y decidimos mudarnos al DF... —Todos los presentes sabían que estaba pasando realmente, mi papá era la razón por la cual tenía que mentir.
-¿Y cuál es el motivo de estar tan lejos? —Dijo mi papá.
-Descubrimos que en el DF se encuentra la carrera de Alana, revisando el plan de estudio, nos encanto y pensamos que eso ayudaría demasiado a Alana y yo tengo una planta asegurada allá. —Después de una serie de cuestionamientos, terminaron por alegrarse de este cambio tan drástico que queríamos Marcelo y yo.
-Bien, la parte fácil ya está. —Dijo Marcelo después de despedir a la familia.
-Sigue tu familia. Uy, que miedo. —Dije haciendo burla.
-Sabes que no es mi familia quien me preocupa.
-Todo va a salir bien. —Le sonreí y le di un beso. Acaricio mi espalda y yo puse mis manos alrededor de su cuello.
-Gracias. —Acaricie su cuello mientras decía eso.
-¿Por qué?
-Porque me protegiste cuando todo se derrumbaba, no me dejaste caer cuando era lo único que me quedaba por el simple hecho de quererme.
-No tienes porque agradecer nada de esto, ¿cómo te iba a dejar caer si te quedaba mucho por luchar?
-Te amo. —Cada vez que le decía te amo, algo se encendía en mi.
-Alana, ¿has hablado con Arturo? —Negué. —¿Por qué no?
-No lo sé, siento que ya no le importa lo que pase conmigo.
-¿Cómo puedes decir eso? Sabes que él te adora, creo que tiene algo de derecho de conocer a tu hijo, él no tiene la culpa de nada de lo que hizo Pepe.
-Me frustra cuando tienes razón. —Sonrió.
-Anda, llámalo. Con suerte está en Monterrey. —Me entrego mi celular, lo mire por unos segundos y acepte.
"-¿Bueno? —Cuando contestó una parte de mi sintió esa felicidad que sentía al principio.
-¿Arturo?
-Alana, ¿cómo estás? Te he extrañado demasiado
-Bien... Gracias, yo también te he extrañado mucho.
-¿A que se debe tu llamada?
-Quería verte, tengo muchas cosas que contarte y quiero presentarte a Daniel.
-¿Daniel? ¿Ya nació? Demonios...
-¿Puedes?
-Claro que si, me encantaría verte. ¿Te parece si yo voy a verte?
-Me encantaría...
-¿Dónde estás viviendo? —Hubo un silencio.
-Con Marcelo.
-Vaya... Bueno, ¿Vive donde mismo?
-Si... —Marcelo asintió respondiendo la pregunta. —Si, donde mismo.
-Bueno, ¿te parece mañana?
-Suena bien.
-Te veo mañana, bonita.
-Hasta mañana, Arturo."
-No pasa nada, ¿lo ves?
-Supongo...
-De igual manera, le tienes que decir que no iremos. —El bebé comenzó a llorar y me levante.
-Yo voy, tú ve a descansar.
Asentí, camine al cuarto, Marcelo fue detrás de mí, cargo al bebé quien estaba en una pequeña cuna a un lado de nuestra cama, lo arrullo mientras yo trataba de no quedarme dormida, mis intentos fallaron y caí dormida, cuando me desperté Marcelo estaba dormido con Daniel encima de él, me causo algo de risa esto, levante al pequeño y lo ose en su cuna, después moví el cuerpo de Marcelo para que se acomodara, me pescó de la cintura y me apretó contra su cuerpo, termine por ceder y quedarme dormida a su lado.
La mañana fue rutinaria, se levanto, le prepare de desayunar, me ayudó con el bebé, se despidió y me quede en la sala viendo la televisión, Marcelo llegaría tarde para dejarme hablar con Arturo sin ninguna presión, estuve acomodando la casa mientras hacía tiempo para que Arturo llegara, termine de arreglar la casa, bañe al bebé, me arregle después a mí y termine por sentarme a esperar a Arturo. Veinte minutos después tocaron la puerta, cuando abrí la puerta, estaba mi Arturo barbón y desaliñado que adoraba.
-Te extrañe tanto. —Me abalancé sobre el.
-Yo también te extrañe. —Me recibió en sus brazos y como tenía de costumbre, me cargo hasta poder soltarme en un lugar seguro. —La maternidad te sienta bien, tengo que admitir.
-A ti la barba no.
-Idiota. —Soltamos una carcajada. —¿Y dónde está el sobrino?
-Marcelo le compro un pequeño corral. —Caminamos a la pequeña cuna, el bebé estaba acostado viendo hacia arriba.
-Es una cosita pequeña de nada. —Solté una risa cuando dijo eso.
-Tiene semanas aún, Arturo.
-¿Semanas?
-Apenas tres... ¿Lo quieres cargar? —Me miró fijamente. –Si tienes miedo, siéntate y lo pongo en tus brazos.
-¿Segura?
-Anda, siéntate. —Cargue a Daniel, Arturo camino al sillón y se sentó.
-A ver, tráeme a ese bebé. —Hizo un hueco en sus brazos, puse a Daniel en sus brazos y con su palma sostuvo la cabeza. Lo miraba fascinado, el bebé lo veía de igual manera.
-El es tu tío Arturo. —Arturo sonrió.
-Hola, Daniel... —Daniel se acomodó en sus brazos y empezó a dormirse.
-Que curioso. —Solté una carcajada. —¿Pepe lo ha visto?
-Si, estuvo cuando nació, él me ayudó a llegar al hospital.
-¿Cómo lo tomo?
-Se puso un poco agresivo.
-¿Por qué?
-Quiere que lo perdone, pero no puedo, Arturo. Me duele más de lo que te imaginas, ya no siento nada por el, es algo que no me cabe ni una duda, pero aún me duele.
-No tienes porque perdonarlo, lo que hizo no es fácil de aceptar.
-Pero no es todo lo que vengo a decirte.
-¿Qué pasa, preciosa? —Dijo mientras Daniel se aferraba a él.
-Hemos decidido casarnos. —Arturo se noto sorprendido.
-Vaya, suena algo bueno, esta bien, ambos merecen ser felices y no pueden tener mejor pareja.
-Gracias por apoyarme
-Y... Marcelo y yo decidimos mudarnos.
-¿Cómo? ¿A dónde?
-Al DF.
-¿Por qué?
-Marcelo cree que es lo mejor.
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Usted. (José Madero)
Fiksi PenggemarJugamos con el destino, quisimos mentirnos, quisimos crear un futuro que no nos correspondía. Existen amores que jamás se podrán cumplir. Esos éramos nosotros.
