Capítulo XXII: Amores Fantasmas

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Omar

No pasó nada interesante en este segundo día de práctica, o bueno hasta la noche, Gem intentó ayudarme pero me negué y solo me aprendí las letras de las canciones, las iba a practicar cuando este solo.

Ya era de noche, salí con cuidado de mi habitación para no despertar a Ahmeliha y Mathias, subí a la azotea y me quedé un rato mirando las estrellas, Zeus me aviso que ya eran las once de la noche, me puse de pie, tomé un poco de aire, suspiré, empecé a marcar el paso con mi pie izquierdo, uno…dos…tres…

—Cuando calienta el sol…aquí en la playa…—me puse a bailar mientras cantaba.—siento tu cuerpo vibrar…cerca de mí…es tu palpitar…es tu cara…es tu pelo…son tus beso…me estremesco…¡Oooh!

—Bravo…—rió mientras aplaudía.

Voltee a mirarla, me quedé perplejo, desvíe la mirada, y metí las manos al bolsillo.

—Pensé que estabas durmiendo…

—Escuché que saliste de la habitación, y quise ver si todo esta bien, sabes te parecerías más si no usaras los lentes.

—Deberías estar durmiendo…—suspire avergonzado y me recoste en la baranda.

—Deberías haberte visto…—sonrió y se acercó a mí.

—Debo de haber parecido un loco…—intenté no verla a los ojos.

—Nada de eso, estuvo bien.—se puso a mi costado.—Más loco parecías esa noche en el aeropuerto…—miró al cielo.—Pensaba que ya no te volvería a encontrar…pero me equivoque, nos volvimos a encontrar y me devolviste la visión…—soltó unas pequeñas lágrimas.

—No llores Ahmeliha…—le sequé las lágrimas con mis pulgares y la miré a sus bellos ojos…—Aunque me borren la memoria nunca me olvidaría de ti…Ahmeliha.—sonreí sonrojado.

—O…Omar.—me miró fijamente, sus ojos, brillaban, la luz de la luna iluminaba la escena.

—Señorito problemas, hay un incendio, tenemos civiles atrapados en el treceavo piso, los bomberos no pueden acceder…—interrumpió Zeus.

—¿Que fue eso?.—me miró algo asustada y se apartó un poco.

—Oh rayos y centellas…Zeus coordenadas—retrocedí un poco para tomar impulso.

—Omar no me respondiste.

—Lo siento Ahmeliha, debes confiar en mí, todo estará bien…—empecé a correr hacia la baranda.

—Pero…¡¿Que haces?!—exclamó alterada.

—Luego te lo explicaré, no olvides que eres…—di un saltó y empecé a caer.—¡La Incondicional!

Unos diez metros antes de estrellarme cree una pequeña tabla flotante, parecía un surfista, en vez de grandes olas tenía grandes corrientes de aire.

[…]

Aterrrise en la azotea del edificio del frente, el fuego se propagaba, los bomberos hacían todo lo posible, habían persona atrapadas, sin pensarlo di un saltó hacía el edificio en llamas, rompí la ventana en el impacto.

—Zeuz…Piso…—toci un poco, el humo era asfixiante.

—Diecisiete…

—Rayos…hora de bajar.—rompí el suelo de un puñetazo.—Dieciséis…—di otro golpe.—Quince…—di otro golpe.—Catorce…

—El fuego ha consumido los soportes siguiente piso, si hace eso corre el riesgo de que se derrumbe.

—Bueno hora de usar mi energía…—empecé a concentrarme.—¿Donde están?

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