2ª Carta de Will a Nico.

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«Querido Nico,

Cuando terminé de leer tu primera carta me quedé anonadado. No sabía qué decir ni qué pensar. Solo sabía que jamás me había sentido así. Este escrito, originalmente, era una respuesta a ella; pero luego decidí que sería mejor escribirte una nueva.

¿Por qué? Ha pasado mucho desde entonces. Catorce días, ocho mails y dos encuentros. Para la vida, aquello no es nada. Para mí, lo ha sido todo. No me siento el mismo de hace dos semanas. ¿También lo sientes, Nico?

En clase de literatura leímos un poema que contenía la palabra inefable. Cuando le preguntamos al profesor qué significaba, me quedé helado. Significa "algo tan increíble que no puede ser explicado con palabras".

¿Adivinas quién apareció bruscamente en mi cabeza? Tú, paseando entre las lápidas, con un ramo de flores blancas y una sonrisa triste. Tú, suplicándome con la mirada a través de la mesa de mi casa. Tú, en la cancha de basketball, con las manos extendidas hacia lo que sería una canasta segura. Siempre fuiste tú, Nico. Ese adjetivo te describe a la perfección.

Eres un pequeño poeta. Todo lo que has escrito me ha llegado al corazón. Hasta sentí una punzada de celos, porque yo llevo escribiendo por mucho y nada de lo que he escrito me ha parecido ni la mitad de fascinante que lo tuyo. Sin embargo, casi tan pronto como vinieron, los celos quedaron aplastados a gran escala bajo otro sentimiento... ¿afecto? ¿estima? ¿admiración?

No, no me voy a mentir ni a mentirte a ti. Era amor. Amo cómo escribes. Amo escribirte mails. Amo leer tus mails. Y amo conversar sobre cualquier tontería después de las clases de biología. Hasta, desde mi más oscuro comportamiento acosador, amo verte, así no estés haciendo absolutamente nada. Todo tú eres ridículamente poético. ¿Te has sentido alguna vez con tal plenitud frente a una situación que parece que no necesitas ya nada más que eso? Sentirse en las nubes, por encima de cualquiera, en la cúspide de lo inimaginable. Eso es lo que siento cuando estás en contacto conmigo. Contacto físico, electrónico, por papel. Es tu esencia lo que amo más que nada.

Will.»

Will contempló el papel en sus manos, que de inmediato comenzaron a temblar y sudar. Ahora solo tenía que entregársela. Podía hacerlo. Solo no debía pensar mucho.

Se levantó de su asiento, con el papel en su mano derecha. Mr Smith charlaba con un grupo de chicas sobre las principales causas de malformaciones congénitas durante el embarazo. O había olvidado la lección o la había postergado. De cualquier manera, Will lo agradeció. No se sentía emocionalmente listo. Nico estaba allí, en el extremo opuesto del salón. Will juraba que podía oírlo respirar.

Caminó en dirección al pupitre de Nico. Cuatro pasos, siete, diez. Lo tenía a menos de tres metros. Su mano derecha estaba lista para ser extendida. Entonces, el chico de enfrente levantó la mirada hacia él, y casi de inmediato Nico también. Will se detuvo en seco, con el corazón en la garganta. Su coraje de esfumó.

—¿Will, te encuentras bien? —preguntó Mr Smith desde el escritorio— ¿Por qué te levantaste y te quedaste parado allí?

Will agachó la cabeza para escapar de la mirada expectante de Nico y arrugó la carta en sus manos en una bolita de papel. Sus labios se movieron para responder, pero no emitió sonido alguno. La clase se quedó en silencio a excepción de algunos estudiantes que comenzaron a cuchichear a sus espaldas.

—Perdón —Will finalmente encontró las palabras, aunque no eran las que quería decir— quería botar esta basura y vine por el camino equivocado.

Acompañado por un sutil coro de risas, «enmendó» su camino y aventó la bola de papel al tacho de basura. Cuando volvió a su pupitre, experimentó una sensación horrible en las entrañas. Lágrimas bailaban en sus ojos.

«Eres un cobarde, Will»

Se volvió hacia Nico, quien tenía una expresión de desconcierto.

«¿Y eso qué fue?» le preguntó con los labios.

Will negó con la cabeza, y sonrió un poco, como restándole importancia.

«Mi incapacidad de decirte que te amo» pensó mientras regresaba a ver el pizarrón, sin prestar atención a nada de lo escrito en él.

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