Me quedé paralizada y sin saber muy bien por qué comencé a temblar.
Álvaro había vuelto.
Y quizá yo aún no estaba preparada para asimilarlo. Eso, o que tal vez tenía miedo. Si, miedo. Apenas había pasado un mes desde que descubrí el plan de venganza de Adam y por mucho que lo intentara, me era imposible no darle vueltas al tema y no acabar pensando en Álvaro.
Mi corazón continuaba palpitando con fuerza mientras mis pensamientos se encontraban divididos. Sentía que quería perdonar a Álvaro. Olvidarlo todo. Empezar de cero. Y, aunque sabía que quizás no era lo correcto, para mí, el que Álvaro hubiera venido hasta aquí solo para volver a verme ya era demasiado.
Decidí dejar de lado todas mis teorías y corrí como una loca por todo Liverpool. De repente, me dio igual todo y solo podía pensar en una cosa, o más bien en alguien: Álvaro.
Corrí como nunca lo había hecho —ni siquiera en las odiosas clases de velocidad en gimnasia—. Corrí hasta quedarme sin aliento, pero poco me importó: sentía que lo mío con Álvaro pronto cambiaría. Corrí y corrí hasta llegar al Starbucks dónde antes había estado, y donde, según Alba, Álvaro debía estar ahora.
Cuando llegue allí, cansada y sin aliento, pero con una esperanza que hacía secundario todo lo demás, mi corazón dio un vuelco: Álvaro ya no estaba.
Muy lejos aún de tirar la toalla, continué buscando.
Y, cuando menos lo esperaba, conseguí divisar a Álvaro. Aunque, para mi sorpresa, no dónde yo esperaba encontrarle: se encontraba montado en un autobús y su mirada parecía divagar por el suelo de este.
Mi decepción fue mayor aún cuando en la parte trasera del autobús pude divisar el destino de este: el aeropuerto.
Mi corazón volvió a latir con fuerza y esta vez no lo hizo de alegría.
Como si de un instinto se tratara comencé a correr tras el autobús aunque mis piernas poco tardaron en dejar de aguantar el ritmo de este, provocando que quedase atrás.
Y fue entonces, cuando pocos segundos después unas manos tocaron mis hombros y provocaron que me incorporara.
Miré hacia atrás con la pequeña esperanza de que se tratase de Álvaro, quién podría haberme visto desde el bus y habría bajado de este para venir a sorprenderme.
Pero mi esperanza se esfumó cuando tras de mi divisé a Manuel.
Instintivamente comencé a llorar.
—No llores querida —me dijo Manuel, que tras posicionar sus manos en mis caderas y atraerme hacia él, me abrazó.
—No... No lo entiendes, joder... Yo le sigo queriendo.
— ¿Después del daño que te hizo? ¿Después de tantas mentiras? ¿Después de toda esa mierda, le sigues queriendo? —me preguntó Manuel, quién parecía estar muy enterado de todo. Y, aunque me extrañó, preferí no decir nada.
—Ha venido hasta aquí solo para recuperarme. ¿Acaso no es eso suficiente? —Sollocé.
—Si de verdad hubiera venido por ti no se habría ido ya al aeropuerto para volver a España, ¿no crees, pequeña Jess? —me dijo y yo no pude evitar llorar aún con más fuerza.
ESTÁS LEYENDO
NUNCA ME VERÁS CAER
Ficção Adolescente¿Qué pasaría si una relación perfecta deja de serlo tras un trágico suceso? Mejor os lo plantearé de otra forma, quizá así la vida de Jess y de Adam os haya resultado un tanto extraña. ¿Qué pasaría si tu ex, tras más de dos años sin dar señales de v...
