—CORRE, CAMILA... Corre, Camila... No mires atrás...
El recuerdo de las voces de su madre y de su padre se entremezclaba con el viento y con los pasos de esos hombres que la perseguían. Respiraba agitadamente, temerosa de mirar hacia atrás. Una mano la agarró del cuello, la tiró al suelo y le dio un batazo en la cabeza. Se quedó con los ojos medio abiertos, pero no estaba del todo consciente. Lo único que vio fue un rostro de barba blanca y mirada aguileña que se inclinó sobre ella. Simon, algo más joven. Además, tenía el muslo desgarrado por tres arañazos.
—La podrías haber matado, estúpido... —reprendió Simon al que llevaba el bate.
—Creo que está en estado de shock.
—Lo que está es inconsciente. Cógela, nos la llevaremos. Veremos cómo sacarle provecho.
—¿Y los padres?
—Los dejaremos en el centro de investigación. Pero antes... déjame a la madre un ratito, se arrepentirá de haberme desgarrado el cuádriceps. Mierda, puede que me quede cojo —susurró con vehemencia.
Había amanecido. O a lo mejor era que estaba muerta. No lo sabía.
Había soñado con lo que sucedió el día en que perdió a sus padres, porque ahora estaba convencida de que se trataba de sus verdaderos padres. Había recordado el día en que quedó inconsciente tendida en la hierba y Simon se la llevó con él.
Simon era cojo por culpa de Sinu, pues ella le había herido de gravedad intentando defenderla.
Debería estar impresionada por la revelación de que él no fuera su padre. Pero no lo estaba. Al contrario, se sentía calmada y en paz por primera vez desde hacía... en fin, nunca se había sentido así.
Sí, ella era Camila. Hija de Alejandro y de Sinu. No sabía a ciencia cierta lo que le había sucedido esa trágica noche. Los habían perseguido seguro, pero no podía aclarar nada más. Sin embargo, podía recordarlos. Podía recordar cuánto adoraba y admiraba a su madre Sinu o cuánto amaba a su padre Alejandro. Sentía el amor que le procesaban, un amor grabado ahora en su sangre y en su corazón. La alegría de haberse sabido una hija realmente querida y protegida le llenó el alma magullada. Se tapó la cara con las manos y se echó a llorar.
Necesitaba desahogarse. Demasiadas emociones en un corto intervalo de tiempo. Cuando se calmó, no sabía lo que sería de ella a partir de ese momento, pero sabía que, puesto que nada iba a ser igual que antes, ella debía amoldarse y tenía la seguridad de que iba a hacerlo. Siempre había sido así de práctica.
Debía hacerlo, debía encontrar el sentido a todo lo que le había pasado, el control de su vida, fuese la que fuese.
Se frotó los ojos con la mano vendada y se sorprendió al notar que no le dolía. Enfocó los ojos a la muñeca. No parecía ni siquiera hinchada y se la habían roto la noche anterior. Con curiosidad empezó a deshacer el vendaje, poco a poco, hasta sacárselo por completo.
Parecía imposible. La muñeca había sanado por completo, como si nunca se la hubieran roto.
Se incorporó. Estaba en una habitación hecha toda de madera. Por la ventana se colaba la luz de la mañana y aparecían unas vistas bien bonitas de árboles y montañas. Sin embargo, no hacía sol, pero por primera vez le gustó ese amanecer nublado.
Se sentía como nueva. Tenía un hambre de mil demonios y necesitaba ducharse. Palpó a su lado. ¿Y el libro? ¿Y el puñal?
Se levantó de un brinco y se quedó inmóvil. Miró sus pies, sus piernas... Vaya, por Dios, habían vuelto a quitarle los pantalones. Qué manía tenían todos con desnudarla...
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Almas gemelas (camren G!p adaptacion)
Fiksi PenggemarDel amor al odio no hay más que un mordisco... Lauren, es una mujer atormentada. Una Vaniria intersexual, un ser inmortal creado por los Dioses Escandinavos para proteger a los humanos de aquellos que no han sabido resistirse a la sangre y al poder...
