Nuestra casa

3.5K 130 4
                                        

Así fue como Katniss y yo fuimos construyendo lentamente, ladrillo a ladrillo, nuestra vida juntos. Cuando el 12 ya lucía como una pequeña ciudad hermosa, llena de flores, cuando empezamos a sentir ganas de reír, de bailar, de cantar, de comernos el mundo.
Fue aquella la época en la que pintamos nuestra casa de amarillo. Sí, nuestra casa, la casa de Katniss, en la que habíamos decidido vivir juntos. Los fines de semana yo llegaba de la universidad, dejaba mis cosas en la habitación y nos cambiábamos la ropa por una más vieja, cogíamos los botes de pintura y las brochas y redecorábamos nuestro hogar de nueva vida, al ritmo de las canciones que escuchábamos en el aparato de música que yo había comprado en el Capitolio. Gracias a mi vida allí había descubierto la existencia de los chips musicales, unos pequeños objetos metálicos desarrollados hacía pocos años por una empresa llamada Sony, en los que se había guardado la mayor parte de la música que se escuchaba en los tiempos de antes de los Días Oscuros. También habíamos encargado muebles nuevos, así que la casa estaba prácticamente vacía. Llegaba la noche y estábamos tan cansados, pero nos daba tan igual, que tirábamos un colchón en el salón y allí nos dormíamos, abrazados y felices. Comíamos cuando nos apetecía, dormíamos cuando nos apetecía, y cuando nos cansábamos de pintar volvíamos a lo que llevábamos viviendo desde la vuelta del 4 en verano. Estábamos tan enamorados, nuestros sentimientos habían llegado hasta tal profundidad, que nos quitábamos la ropa el uno al otro sin dirigirnos ni una sola palabra, y nos echábamos en donde fuera, el colchón, el sofá viejo que aún conservábamos, el suelo, y allí nos besábamos y acariciábamos hasta que volvíamos a dormirnos. Durante bastante tiempo el sol o la lluvia de los domingos nos despertó juntos de esa manera, recordándome que ya era la hora de que yo recogiera la maleta y volviera al Capitolio. En los primeros fines de semana con nuestra casa a medio pintar, en los siguientes con los primeros muebles nuevos, en los posteriores con una nueva cama sobre la que dormir. Poco a poco la casa se fue convirtiendo en otra. Reciclamos su función inicial por la de nuestras expectativas y nuestro futuro, con nuestros colores favoritos, con nuestra calidez humana. Así llegó mi siguiente cumpleaños, que coincidió con un sábado tranquilo en el que almorzamos con Effie y Haymitch, que había dejado de beber, no del todo pero considerablemente, y que se veía realmente cambiado desde que estaba casado. Nuestra obra les gustó, ambos nos felicitaron por el nuevo aspecto de nuestra casa.
Recuerdo cada pequeña parte del cuerpo de Katniss que seguí haciendo mía aquella noche, cuando por fin nos quedamos a solas. Mi felicidad egoísta por estar los dos solos era algo muy propio. No sabía si con el tiempo cambiaría, pero en esos tiempos solo podía sentir deseo hacia ella, un deseo que se incrementaba cada vez más, y desde luego con mucha más frecuencia desde que adquirimos la costumbre de pasar aquellos ratos de desnudez juntos. Descubrir su cuerpo de mujer fue una de los grandes privilegios de mi vida. La piel suave y blanca, esa constitución delgada por la gran culpa del hambre, el pecho pequeño pero firme, las caderas redondeadas, las piernas flacas pero tan bonitas, esas piernas que me gustaba tanto acariciar, al igual que sus manos, duras y fuertes por la caza, los hombros curváceos y algunos lunares repartidos por diferentes lugares, como su cuello o sus muslos. Era muy, muy distinto ver a Katniss desnuda dándose un baño en el lago, inocentemente, que aprendiendo a amar así, observándonos con total confianza, tocando lo que quisiéramos o besando lo que tuviéramos ganas de besar. Por eso, aquella noche de diciembre, cuando ya no pude más y comencé a comerme su boca a besos y ella me correspondió recibiéndome con sus brazos enredados en mi cuello, y le susurré que la quería más que a mi propia vida, a pesar de su temblor y de que yo no controlaba bien ni mi nerviosismo ni mis movimientos, a pesar de que ella mantuvo los ojos cerrados con fuerza la mayor parte del tiempo, a pesar de mis intentos de que se calmara y me mirara tranquila, de asegurarle que todo estaba bien, a pesar de ser dos torpes inexpertos que solo contaban con un amor muy grande, un amor colosal, como herramienta, ocurrió, y por primera vez hicimos el amor, y tanto durante como después, cuando la vi tan feliz, tan serena de pronto, ya sin miedos, y me acurrucó entre sus brazos y más tarde allí me dormí, yo comprendí que aquella entrega iba tan lejos de lo físico que sentía mi mente fuera de mi cuerpo, creyéndome capaz de observar desde otro ángulo mi unión total a Katniss, y sentí cosas que no podré explicar nunca, sencillamente porque estoy seguro de que las palabras para describir esa clase de sentimiento no existen, y el ser humano nunca será capaz de inventarlas.
-No tengo ni idea de cómo hacer esto adecuadamente - Le dije, susurrando en su oído mientras trataba de no moverme -. Solamente me sé la teoría.
-Pues igual que yo - Contestó ella, en un hilo de voz -. Supongo que es cuestión de dejarse llevar, como siempre dicen...
-Te quiero. Quiero que antes de nada sepas que te amo con todo mi ser - Solté de golpe.
-Lo sé, y yo a ti, Peeta. Te quiero.
-Lo siento si no sale muy bien...
-Lo mismo digo...
-Por tu parte sé que lo harás genial. Y aunque lo hicieras fatal, ni me enteraría... ¿Estás asustada?
-Un poco...
-Yo también.
-Tranquilo. Simplemente... Bueno, propongo que dejemos de hablar.
-Es lo mejor.
Había hecho feliz a Katniss, yo lo sabía, le había dado todo lo que yo tenía, porque todo lo mío era suyo desde el primer momento en que la vi, y el ser humano, ya lo he dicho, nunca podrá explicar con palabras lo que algo así significa.
No hacían falta anillos, ni velos, ni bodas. Con su forma de mirarme y de sonreírme como ella lo había hecho durante aquellos momentos, me había dejado claro que era mi mujer y que, a pesar de mi fantástica incredulidad, querría serlo por el resto de sus días.

PrimulasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora