Luego de aquella noche la relación entre la castaña y yo se hizo más fuerte. Se podía notar la diferencia o al menos yo lo hacia. Salíamos más, incluso los días que no me tocaba ir iba. Y como Alessandra había dicho, Camila no es estúpida. Todo aquello lo hacia cuando Lorcan no estaba en casa, que era casi siempre.
Claro estaba que ella debía prestarle atención a su esposo y aunque aquello me daban ganas de dejar todo lo que hacia y arrancarle la cabeza cuando veía como se besaban con tanta pasión y amor o cuando el la sacaba a cenar y no volvían hasta uno o dos días después, debía tragarme todo aquello porque no quería meterme en problemas con ella, con el no me importaba pero tenia miedo de lo que seria capaz de hacerle a Camila si se enteraba de que ella tenia lo que seria un tipo de ''aventura'' con una licántropo que le hacia creer a ella que era una mujer lobo.
Aquello era un tema aparte. No había día que no pensara en que pasaría si Camila se enterara de la verdad sobre mi, aun se le veía que una parte de ella le tenia aprecio al ojiazul y era aquello lo que me aterraba, que si se enteraba le comunicara a Lorcan y algo malo pasara. No a mi, pero tenia miedo de que le hiciera algo a Joanne, Mikael o Alessandra.
Sentía el lazo entre la castaña y yo tan fuerte que aveces se me era difícil no buscar su frío cuerpo entre las sabanas las noches o días completos que duraba con ella, o simplemente cuando estaba en casa. Mientras todo aquello pasaba Joanne siempre me decía que tuviera cuidado, hasta que un día le dije que si tanto sabia que me dijera.
Ella respondió que no era su deber adelantar hechos que son inevitables que pasen.
Oscuridad. Eso era todo lo que veía, sentí mis muñecas presionadas como si estuvieran amarradas y fue cuando me fije en el contacto del metal frío en mi piel, hice una mueca de dolor, podía oler la sangre y el hierro oxidado. Sentía el piso de cemento bajo mi cuerpo y como todo me dolía. Estaba desnuda, de eso no había duda ya que sentía el suelo en toda mi piel y como me ardía la espalda.
Un dolor enorme e incomodo entre mis piernas. Trate de hablar pero no podía, la voz no me salía. Mire hacia abajo y solo vi negro, trate de levantarme pero volví a caer porque no tenia fuerzas en mis piernas. Las cadenas sonaron haciendo eco en aquella especie de sótano y una lagrima, por el fuerte dolor que sentí cuando mi espalda choco con el piso, bajo por mi cara.
¿Dónde demonios estaba?. Una puerta fue abierta y vi la silueta de un hombre alto y bastante corpulento. Camino a pasos seguros hacia mi y con una sonrisa que llegaba a sus ojos, me fije en ellos. Un color gris, un hermoso gris pero un brillo peligroso los envolvía. Su enorme mano agarro mi cuello con brusquedad y trate de defenderme pero era en vano, no tenia las fuerzas necesarias.
— Te deje descansar — Su voz era gruesa y escalofriante — Ahora me toca divertirme un poco — Y fue cuando sus ojos cambiaron.
Su esclerótica negra y su iris de un color plata. Y me sorprendí, porque era un licántropo. Sonrío enseñando sus dientes y me dejo caer. Deje salir un grito de dolor al sentir como mi costado choco con el suelo y las cadenas eran movidas y quedaba totalmente recostada en el suelo sin poder moverme.
Me agarro los tobillos y abrió mis piernas.
— Recuerda — Me susurro mientras agarraba mi cuello con fuerza y escuchaba como abría su pantalón — Si haces algo estúpido o no cooperas. Lo matare frente a ti — Aquello me dejo algo descolocada.
Hasta que lo escuche. Un tercer corazón, no era el mío, ni el de él, y nadie había entrado. Entonces mire hacia abajo, mi barriga. Comencé a negar con la cabeza mientras comenzaba a llorar. No, no.
— ¡NOOO! — Me desperté de golpe con mi cuerpo sudado y llorando.
Escondí mi cara entre mis manos y luego las pase por mi cabello viendo como Alessandra me miraba preocupada.
