¡Ah, felices colinas! ¡Ah, grata sombra!
¡Ah, campos adorados en vano!
donde en otro tiempo erró mi infancia despreocupada,
¡aún desconocedora del dolor!
Siento los vientos, que soplan en vosotros,
me otorgan una bendición momentánea;
en el fresco agitar de sus alegres alas,
mi alma cansada parece aliviarse.
GRAY
A la mañana siguiente Emily salió temprano de Toulouse y llegó a La Vallée alrededor de la puesta del sol. Con la melancolía que experimentó al volver a ver el lugar que había sido residencia de sus padres y escenario de su primera felicidad se mezcló, tras ceder a la primera sorpresa, una satisfacción tierna e indescriptible. Durante tanto tiempo se había visto acosada por su pesar que ahora disfrutaba con cada escena que despertaba el recuerdo de sus amigos; parecían vivir de nuevo en cada estancia, en la que había estado acostumbrada a verlos y sintió que La Vallée seguía siendo el hogar más feliz. Una de las primeras habitaciones que visitó fue la que había sido la biblioteca de su padre. Se sentó en su butaca y, mientras contemplaba con resignación temperada el cuadro de otros tiempos que le traía a la memoria, las lágrimas que derramó casi no podrían ser calificadas de dolorosas.
Poco después de su llegada se vio sorprendida por la visita del venerable monsieur Barreaux, que acudió impaciente a dar la bienvenida a la hija de su desaparecido y respetado vecino, tan largo tiempo ausente de su hogar. Emily se vio consolada por la presencia de un viejo amigo y pasaron una hora grata conversando sobre otros tiempos y relatando alguna de las circunstancias que le habían ocurrido a cada uno desde que se separaron.
Ya era una hora muy avanzada de la tarde cuando monsieur Barreaux se despidió de Emily, por lo que no pudo visitar el jardín aquella noche; pero, a la mañana siguiente, recorrió con impaciencia las escenas que tanto había echado de menos, y según paseaba bajo los árboles que su padre había plantado y bajo los que tantas veces había mantenido afectuosas conversaciones con él, su rostro, su sonrisa, incluso el acento de su voz, volvieron con exactitud a su imaginación y su corazón se derritió en tiernos recuerdos.
Era además la estación favorita del año para ella, en la que habían admirado juntos los tintes ricos y variados de aquellos bosques y el efecto mágico de las luces otoñales en las montañas; y entonces, la vista de aquellos paisajes lo revivieron elocuentemente en su memoria. Según paseaba pensativa, imaginó la siguiente dedicatoria:
AL OTOÑO
¡Dulce otoño! ¡Como tu gracia melancólica
penetra en mi corazón, yo serpenteo a través de esas sombras!
Aliviada por tu suspiro inspirador, trazo tiernamente
las imágenes solitarias de la mente pensativa!
Escenas queridas, amigos amados
—¡perdidos hace tiempo!—,.se alzan a mi alrededor,
¡y despiertan el pensamiento fundido, la lágrima tierna!
¡Esa lágrima, ese pensamiento, que valoro más que el júbilo,
suaves como el tinte gradual que pinta tu año!
Contemplo con pesar tierno tu sonrisa de despedida,
tus luces radiantes, brillando suaves en los bosques;
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Los Misterios de Udolfo - Ann Radcliffe
ClásicosItalia - 1584 Emily St. Aubert ha perdido a sus padres, no tiene más remedio que irse a vivir con su tía, Madame Montoni, junto con su tío político, un diabólico vandolero, al gran castillo de Udolfo, , una nueva vida para la joven, pero la calma in...
