11. Incluso la reina de la pista.

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— ¿Les molesta que nos unamos?— la castaña se detiene al ver a los dos chicos colocándose los brazaletes. —Quiero decir, no se preocupen, igual van a perder.

— ¿Con que en esas estamos, eh?

El rubio le sonrió burlón, las cosas entre ellos ya se arreglaron. Aurora le lanzó un beso al aire, y mostró su brazalete naranja. —Quien pierda paga la cena, ¿trato?

— ¿A caso la reina de la pista también va a jugar?— el novio de la castaña miró con burla a la otra rubia. Quien solo atinó a darle una mirada mala, pero sonrió forzadamente. —Su majestad, no se ofenda, por favor.

—No lo hago, niñato.

Se ató el brazalete con brusquedad. —Que comience el juego, perdedores.

Las dos chicas chocaron los cinco, y se dirigieron dentro del circuito del juego. Contaba de un laberinto neón, el objetivo era descalificar a las personas del equipo contrario luego de dispararles con el láser de agua.

Y eran unos expertos en eso.

Ámbar se recostó de la pared, no veía nada peligroso. Pero se estaba cuestionando la razón por la cual Aurora quería que pasara tiempo con ella y su novio si nada más necesitaba a Simón, pero no le gustaba este tipo de "salidas". ¿Por qué no pudo ser un restaurante costoso y elegante? Ese tipo de cosas eran su estilo, no esto.

Pero cosas como esas, eran las que tendría que hacer si quería hacer que Simón gustara de ella, tendría que ser más...regular. Como ellos.

Escuchó un ruido y se puso alerta, sujetó el láser con fuerza, preparada para disparar pero, quien se detuvo frente de ella, no lo haría. Frunció el ceño al verlo levantar las manos. — ¿Qué haces?

—Hagamos que paguen la cena ellos— el mexicano dijo en un leve susurro. Ella lo vio sonreír. —Tú sacas a Aurora y yo a Leonardo, ¿te parece?

—La idea era descalificarlos a ustedes dos— ella susurró de vuelta. Simón mantuvo sus manos en el aire. — ¿Qué haces? Sostén tu láser.

Negó la cabeza. —Eliminame, Ámbar. El plan de ellos dos es eliminarnos a nosotros, los escuché. Si lo haces tú tendrán menos trabajo por hacer.

— ¿Así que ese era el plan?— ella gruñó. Vaya tontería habían pensado esos dos, ¿perder ella? Jamás. Y menos en una babosada como lo era ese juego. Le tendió la mano a Simón, y él la estrechó sin saber muy bien el plan de la chica. —Ámbar Smith nunca pierde. Y ahora que tú estás conmigo, tampoco lo harás.

Simón le sonrió de lado— ¿Qué tiene en mente, señorita Ámbar?

Ella se ajustó el láser en la mano, y con la otra le hizo una seña al chico para que la siguiera. Encontrar a la pareja iba a ser algo fácil. Donde estuviera Leonardo, estaría Aurora también.

—Lo que pediré para cenar, Álvarez.

.

.

La satisfacción que se siente al ganar es tremenda. No importaba lo que los demás dijeran, ganar era lo mejor. Y más cuando eres una persona competitiva. La rubia no podía dejar de sonreír desde que habían entrado al restaurant de comida rápida.

Un sitio algo lejos de su casa, pero no importaba. Tenían múltiples comidas y el ambiente le parecía agradable, jamás había estado ahí. Llevaba toda su vida en esa ciudad, y nunca en su vida había presenciado ese lugar. Pero aparentemente, era el favorito del mexicano. —Ya verás, tienen las mejores alitas picantes del mundo, y una salsa con chile... ¡Sabrosísima!

—Espero no arrepentirme. Jamás he probado eso.

Él le dedicó una mirada incrédula. — ¿Hablas en serio? ¡No has vivido aún! Eso es lo más delicioso que he probado aquí desde que llegué, no se compara con mi comida mexicana, pero está cerca. Me gusta tanto como los tacos.

— ¿Quién?

Se desconcierta unos segundos. ¿Estaba hablando de una persona? ¿O aún se trataba de comida?

Simón se ríe levemente— Pues la comida...—pausa unos segundos y su mirada se pone suave. La está estudiando, no sabe la razón, pero la rubia tenía algo ese día que no había notado antes. La forma en la que sonreía, la manera en la que estaba relajada alrededor suyo. Como si esta fuera una Ámbar totalmente diferente a la chica que es en el Roller.

En ese momento, sus ojos claros tenían brillo. Mucho brillo y eso le gustaba. Porque algo dentro de él le decía que todo era gracias a la tarde que habían pasado todos juntos.

Se revolvió incómoda en su asiento, notando la manera de mirarla. Y sus manos empezaron a sudar en frío, estaba nerviosa por alguna razón. Y eso no le gustó. Parte de un plan, Ámbar. — ¿Tengo algo en la cara?

—No...— Simón sacudió su cabeza, riendo un poco. Ella le sonrió levemente. —No tienes nada raro, es solo que...te noto diferente. No estás siendo como sueles ser. Estás más relajada.

— ¿Relajada? ¿Cómo así?

Tildó la cabeza, con una mirada graciosa. Simón se encogió de hombros, jugó un poco con el salero. Y finalmente subió la mirada hasta los ojos felinos que cautivaban a cualquiera.

—No te sé explicar, pero estás más feliz. Jamás te vi de esa manera antes. Pero, con esa sonrisa en la cara te ves muy bonita.

Sus mejillas se sonrojaron de golpe, no se esperaba algo así, en serio que no. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué sentía ese revuelo en el estómago? Tanto tiempo sin sentir algo así. Recordaba que cosas como esas sólo ocurrían cuando estaba con Matteo, cuando él le hacía mimos y le decía cosas lindas.

Tragó en seco. Y con rapidez volteó en busca de su mejor amiga, quien no había parado de observarlos. Aurora al ver la mirada de pánico de la rubia lo supo, suspiró. Ella sabía que ese supuesto plan de Ámbar no saldría como ella lo planeó.

Sabía que por más que diera pelea, se terminaría enamorado del chico mexicano porque así era Simón, cautivaba a todos por su amabilidad, por como hablaba de lo que le apasionaba, y el chico tampoco es que fuera feo. De hecho, era bastante atractivo, y cualquiera pudiera enamorarse de él.

Incluso la reina de la pista que juró que nunca le pararía.

...

¡Aquí está! 

Muchísimas gracias por pasarse por aquí, realmente significa un mundo para mí 

¡Tengan linda noche!

BrokenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora