Simón no tiene auto, y ella lo sabía. Tampoco era consciente de adónde irían, así que usó zapatillas bajas. Tomó unos pantalones blancos y un suéter rosado que había comprado con Jazmín hace unos meses atrás.
Cuando abrió la puerta de servicio, encontró al chico riéndose al verla. Ella le hizo una seña de que se callara y tomó su mano para correr lejos de la casa cuando escuchó un ruido dentro de ésta. —Siento mi corazón latiendo como loco, pensé que iba a salir tu madrina y te iba a gritar...
Simón comentó. Se han soltado la mano hace rato, pero caminan juntos. Él frío de la noche estaba empezando a hacer efecto en ella, aún con el suéter de algodón.
La rubia se rió— No me hubiese gritado, pero tú no hubieras vuelto a pisar la casa.
—Soy sigiloso, no me habría notado— se burló él. Ámbar le miró, elevando una ceja. — ¿Qué? ¿Por qué la mirada?
— ¿Te acuerdas cuando te quedaste en la casa?
—Intentaste decirle a tu madrina— él recordó, arrugando su nariz. La rubia bajó su vista y la enfocó en sus zapatos. Eran las doce y media ya, las calles vagamente eran recorridas por autos cada diez minutos aproximadamente. Y las luces alumbraban las calles desoladas. Solo dos adolescentes caminando por las calles de la ciudad en el vecindario tranquilo.
—Sí...Quizás no estaba pensando con claridad. Lo siento.
—No te preocupes— Simón le sonrió. —Ha pasado ya un tiempo de eso, haz cambiado bastante, Ámbar.
La rubia le miró atentamente y decidió preguntar de nuevo. — ¿Y eso es algo bueno o malo?
Simón pasó una mano por su cuello, una chispa de nerviosismo se cruzó por su cuerpo. Y la mirada felina de la chica le ponía los pelos de punta. —Pues sí, es algo bueno. Siempre es agradable cuando las personas cambian para bien.
No conversaron más sobre ellos, ahora solo charlaban sobre momentos raros que se acordaban. Ni siquiera la rubia llevaba la cuenta de cuánto tiempo había estado caminando con él, pero tampoco le importaba mucho, por alguna razón, le gustaba esa sensación de comodidad que tenía tanto tiempo sin sentir con alguien.
Se detuvieron en la parte de atrás de uno de los edificios. Simón señaló la escalera de emergencia pero la rubia le miró incrédula. — Vamos, Ámbar. No nos harán nada, te lo prometo.
— ¿Estás demente? ¿Qué si nos atrapan los inquilinos y llaman a la policía? Simón, bájate de ahí. Ya— él se carcajeó fuerte, cubrió su boca con sus manos intentando controlar el sonido de su risa, pero falló. Ella lo miró molesta. — ¿De qué te ríes, eh? Es en serio, te bajas ya. O te bajo yo.
—Ámbar, este es el apartamento de Nico. Podemos subir a la azotea sin ningún problema, te lo prometo.
Hizo silencio unos segundos, dudando en si confiar o no en él. El castaño extendió su mano hacia ella y le sonrió suavemente. —Vamos, vale la pena ver lo que te tengo que mostrar.
Sus ojos eran honestos, y esas palabras fueron todo lo que su cerebro necesitó para tomar su mano y subir con él. —Más te vale, Simón. Como este lugar no lo llegues a conocer y nos metas en problemas...
—Ámbar, relájate. Deja de preocuparte por unos segundos y disfruta de lo que tienes frente tuyo...— con su mano libre, sujeto su rostro suavemente y lo giró hacia el frente, una vez que estuvieron en la azotea.
La boca de la rubia se abrió ligeramente en sorpresa, al igual que sus ojos. Sus manos dejaron de sujetar las de Simón y con cuidado se acercó al borde de la azotea. Posó ambas manos en la barrera de seguridad y contempló la vista. Toda su vida en ese lugar y jamás notó algo así.
Jamás.
Simón la miró, junto a ella. ¿Cómo era posible que en unos momentos su concepto sobre Ámbar Smith hubiera cambiado tanto? Le tenía aprecio. No sabía si era porque ya estaba acostumbrado a su presencia gracias a Aurora, o si simplemente era porque se había vuelto algo familiar en su vida. Algo familiar que le agradaba mucho.
Cada vez que veía a Ámbar a los ojos, notaba tantas cosas. Tantas emociones inexplicable que él sabía la rubia no mencionaba. Antes notaba egoísmo y odio en sus ojos. Cuando la conoció no pensó que llegarían a ser amigos, solo simples conocidos.
La estudió unos segundos, le sorprendía ver la forma en la que sus ojos tenían un brillo que nunca antes había visto. Un brillo de inocencia y dulzura que le parecía tan real en ella. Tan único en ese momento. Estaba haciendo todo esto porque quería conocerla, algo dentro de él le incitaba a hablarle, a pasar tiempo con ella.
Recordaba como Aurora le había interceptado el otro día, la castaña lo detuvo en el la puerta del apartamento. Pedro, Nico y Leonardo no habían llegado del Roller y la pequeña Navarro aprovechó esa oportunidad. Fue directa y sin filtro, "¿te gusta Ámbar, Simón? Responde con la verdad". No dijo que sí, no puede gustarte alguien sin conocerlo, y eso es lo que estaba haciendo ahora.
Conociéndola. Porque sabía que valía la pena.
— ¿Tengo algo raro, Simón?
Preguntó sin quitar los ojos de las luces que iluminaban todo el radar. La ciudad se veía preciosa. Ámbar sonrió sin mirarle.
Simón carraspeó— No, solo que. Te ves bonita.
Un cumplido tan suave e inocente como ese no lo escuchas todos los días. Solían ser "estás buena" "te ves ardiente". Que él usara ese adjetivo le produjo una sensación agradable en su estómago. Y sus mejillas se tiñeron de rojo.
Hubo un silencio nuevamente, ambos con sus vistas al frente, admirando la belleza de la ciudad. Pero Simón había estado con su pregunta por mucho tiempo ya. — ¿Estás bien, Ámbar?
Ella giró su cabeza, frunciendo su ceño. — Estoy perfecta, Simón. ¿Por qué lo preguntas?
—No, responde honestamente. Nolo hagas con la respuesta programada que tienes. ¿Estás bien?
¿Qué pretendía hacer él? ¿Indagar en sus sentimientos? ¿Qué le costaba ser como los demás cuando respondía que estaba bien? ¿Quién realmente se preocupaba por cómo se sentía desde que ella y Matteo salían?
—Estoy bien, Simón. En serio, gracias por preocuparte, igual.
—Ámbar, voy a insistir hasta que cedas. ¿Estás bien?
— ¿Por qué te importa saber cómo estoy?— espetó con fastidio. —Quiero decir, ¿realmente te importa saberlo? ¿O sólo lo haces porque quieres saber de mi vida? ¿Saber si la reina de la pista tiene sentimientos? ¿Eso es lo que quieres?— su rostro se volvió serio. —Pues sí, Simón. Estoy bien porque no dejo que mis sentimientos controlen mis actos.
—Ámbar no...— ella le interrumpió.
—Quizás veas solo lo superficial. Me volví una experta en esto. Cuando me quebré, pegué tan bien mis piezas para que nadie notara lo rota que seguía estando.
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Broken
Teen Fiction"Quizás veas solo lo superficial. Me volví una experta en esto. Cuando me quebré, pegué tan bien mis piezas para que nadie notara lo rota que seguía estando". Basado en la serie de Disney: «Soy Luna». Todos los derechos a sus respectivos creadores.
