¿Puedes venir a la mansión?
La rubia observó el mensaje en la pantalla de su teléfono. Ya lo había enviado. Hace dos minutos. Y el hecho de que ni siquiera le hubiese llegado la iba a volver loca. Tiró el teléfono sobre su cama y ella soltó un gruñido, pasando ambas manos por su cabello y desordenándolo un poco. Lo había alisado por completo, había sido rápido. El open era mañana en la tarde y quería sobresalir.
Casi nunca usaba su cabello liso. Siempre en ligeras ondas.
Se tiró a la cama de un brinco cuando escuchó su teléfono sonar, con rapidez desbloqueó su teléfono y dejó escapar un callado grito de emoción cuando leyó que era de Simón.
Su sonrisa se terminó transformando en una seca mueca. Mientras sus cejas se juntaban. ¿Pero qué rayos? ¿Quién se creía que era?
Lo siento, Ámbar. Tengo un compromiso.
Tiró su teléfono al suelo, y aunque golpeó en la alfombra, supo que rebotó y terminó sin tapa ni batería en alguna parte de su habitación. Tiene un compromiso, ¡pero que imbécil! Se suponía que debía ayudarla con la letra de la canción para así cantarla en el open de mañana, se reunirían hoy en la mansión y entonces se acercaría mucho a él hasta casi besarlo para que Luna entrara y los viera y se enfada muchísimo.
Y entonces no se presentaría mañana en el open.
¡Y ahora todo estaba arruinado por el estúpido fulano compromiso del amiguito tonto de Luna!
Dejó escapar un bufido.
Sabía que debía de ir en unos momentos a cenar con su madrina, pero el hambre se le había ido por completo. Después de pensársela por un rato finalmente decidió que saldría de allí. Se volvería loca si seguía en su habitación. Tomó su teléfono y lo tiró a su bolso de diseñador antes de dirigirse a la salida. Su madrina no había bajado aún pero casi se tropezó con Tino en la sala.
— ¿Puedes tener más cuidado, por favor? Siempre tan inoperante.
Escupió con enojo.
Pero Tino le regaló una sonrisa—. Está muy linda hoy, señorita Ámbar.
La rubia le dio una mala mirada, pero tenía que admitir que el cumplido le había hecho sentir algo mejor. Soltó un suspiro profundo y habló: —Llévame a casa de Aurora, y le dices a mí madrina que no vendré y me quedaré allá para el open de mañana.
—Señorita, si me permite, creo que es mejor que le diga usted porque...—Tino se calló cuando vio la forma fea en la que la chica de mirada felina la estaba viendo. Asintió con su cabeza en silencio y la rubia fue la primera en salir de la mansión seguida de su chofer.
Tino esperó un par de segundos hasta que la puerta de la casa de la mejor amiga de la rubia abriera. Ya era tarde, esperaba que la señora Sharon no le dijese nada por solo acatar órdenes de su ahijada.
Aurora se puso de pie rápidamente al escuchar el timbre, aun riéndose por el chiste de Leonardo. Ni se molestó en revisar de quién se trataba, así que solo abrió, sorprendiéndose un poco de ver a la rubia en su puerta.
— ¡Ámbar!
Le sonrió extrañada. Pero de inmediato se dio cuenta del estado de ánimo de su amiga y cambió su expresión a una más preocupada. Atrajo el cuerpo de la chica y le abrazó. — ¿Qué sucedió? ¿Fue algo con tu madrina?
—Simón es un tonto.
Gruñó ella, separándose. No iba a ponerse sentimental. Aurora elevó una ceja, sin comprender.
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Broken
Roman pour Adolescents"Quizás veas solo lo superficial. Me volví una experta en esto. Cuando me quebré, pegué tan bien mis piezas para que nadie notara lo rota que seguía estando". Basado en la serie de Disney: «Soy Luna». Todos los derechos a sus respectivos creadores.
