Al papel en blanco.

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XX

Los separaban tres infinitos metros de distancia.

Al puño y la hojita blanca.

Qué sola y triste es una hoja en blanco,

Arrancada del seno de un cuaderno garabateado de mujeres famélicas,

agonizantes bajo el ala de una canario que no sabe cantar.

Qué dolorosamente triste y feo es el folio desnudo por el vientre, sin la huella del puño de un sudor borracho.

Sobre las hojas vacías, mancas y desmembradas hay gotas de innumerables sangres, de hombres destripados

sin propósito ni vicio,

Abandonados al dulce vuelo del caballo.

Pero sobre esta hojita blanca en particular no hay más que un puño a tres metros de distancia,

Consumiéndose desde los dedos que quisieron gritar sin boca y no supieron.

Tan auténtica y mísera era su soledad.

Recordaban a dos amantes que se quieren noche y noche

Y no saben nunca comprenderse,

Al escalofrío electrizante de unos labios invocando un cuerpo

Sobre el límite que separa la columna del universo.

Recordaban a los muertos desfosados, a las paredes desvistiéndose de rojo, a las expediciones a América, a la pólvora de los sentidos y al escorbuto, el ébola, la lepra y la malaria.

Tan enfermos del otro, tan enfermizos de sí mismos.

Eran, al fin y al cabo, música sin ritmo ni compás,

Un puño en llamas y un papel a tres metros de distancia.

Y la hojita sabía,

Que si algún día a aquel aclamado puño se le ocurría acercarse,

Ardería en miles de colores solitarios.

Y tristes,

Y vacíos.

El invierno de las ratas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora