Me toma un par de segundos asimilar el hecho de ver a Javier parado en el umbral de mi puerta. Su sonrisa del principio se va desvaneciendo poco a poco, quizá porque no le he respondido nada todavía o porque no mostré señales de alegría en mi rostro.
—¿Interrumpo algo? —pregunta.
—Perdón, perdón —respondo, abriendo más la puerta, pero sin moverme del medio. Quiero verme amable, como invitándolo a entrar, pero sin darle la oportunidad en realidad—. Solo me toma por sorpresa que llegues a mi casa... ¿cómo supiste dónde vivo?
— Bueno, me dijiste que vivías en el mismo edificio de la Panadería Córcega, así que lo único que tuve que hacer fue preguntarle a una señora en la panadería cuál era tu departamento. Creo que es la mamá de Aristóteles, se parecen un poco. ¿Ya nos vamos?
—Es que... estaba arreglando un problema urgente... —dudo si confesarle la verdad.
—¿Y todo en orden? ¿Eso significa que no saldremos hoy? —quiere saber, con la tristeza dibujándose en su mirada.
—O sea, sí saldremos, pero necesito tiempo para... arreglar unas cosas.
—Ya veo... —responde, con ojos de no creer en lo que acabo de decirle—. ¿Quieres que te espere, entonces?
—Sí, claro...
—¿Puedo pasar? —insiste, apuntando el interior del departamento con su mano.
—Ah, perdón, sí, sí, sí, pásale, lo siento —me quito de entre la puerta y dejo que mi compañero pase—. Siéntate, ahorita regreso.
Me voy caminando nervioso y a toda prisa a mi habitación. No sé qué le voy a decir a Temo, no me animo a dejarlo solo, menos en este momento en que necesita de mi apoyo.
—¿Quién era? —pregunta mi amigo, sentado sobre la cama con sus piernas cruzadas, notablemente más tranquilo.
—Vístete con tu ropa deportiva, Temo, tenemos partido —me apresuro a decir, mientras busco mi uniforme de fútbol.
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—Javier vino por nosotros, vamos a echarnos una reta en el parque —volteo a verlo y lo apresuro—: Vístete, Temo.
—Yo no pienso ir a ningún lado con ese tonto —responde.
—No es un tonto, solo es raro —añado.
— ¿Te gusta? —pregunta.
—Temo, ni siquiera sé cuál es su nombre completo, obvio no me gusta, no digas incoherencias.
—Claro, pero tú sí le gustas a él —agrega, fulminándome con la mirada.
—Temo, por el amor de Dios, qué cosas dices. ¿Vas a ir o no?
—¿E interrumpir su cita? Paso—sentencia.
—Es que no pienso dejarte solo, amigo, no como andas de sensible. Te vendrá bien distraerte, ya verás.
Temo acepta, aunque se mantiene reacio. Se quita su pantalón y se pone un short azul. Ambos salimos a la sala, donde Javier se encuentra de pie revisando las fotos que los López tienen colgadas en su pared.
—Estamos listos —digo, obligándolo a girarse para vernos.
—Ah, hola Temo —murmura entre dientes, claramente decepcionado.
—Qué onda, hermano de Beto.
—Soy Javier.
—Claro.
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COMENZAR DE NUEVO
FanfictionCuando Temo sufre por su amor no correspondido con Aristóteles, Diego se convierte en la única persona capaz de ayudarlo a salir de su depresión y sus crisis. Narrada desde la perspectiva de Diego, esta historia nos contará qué sucede cuando él ll...