Esta vez también nos acompaña Beto a la hora de la comida, aunque se nota a leguas que mi presencia lo incomoda sobremanera. En ningún momento interviene en la conversación y, cuando habla, no me dirige la palabra y mucho menos la mirada. Aun así disfruto la compañía de la familia, especialmente de Javier quien se encuentra sentado al lado mío.
En estas semanas nos hemos conocido bastante bien. Además se encontrar una afición común en el fútbol, a ambos nos gustan los videojuegos y la tecnología, nuestros gustos musicales son muy similares, como el rock en inglés, aunque gozamos de igual manera las canciones de pop en español y las baladas románticas.
A pesar de él estar un año más arriba que yo en la escuela, muchas veces he sido capaz de ayudarle en sus trabajos de álgebra y literatura, gracias al nerd que llevo por dentro. Asimismo, hemos encontrado un refugio muy grande en los libros. Él ya se leyó los pocos libros que traje de Toluca, mis favoritos, que al parecer también se convirtieron en lecturas de cabecera. Por mi parte, también me leí gran cantidad de los libros de su biblioteca personal. Gracias a él descubrí a una escritora ucraniana bastante buena: Svetlana Aleksiévich, quien al parecer ganó un Premio Nobel por sus textos, lo cual no refuto.
Hablando de ella, el primer libro que me recomendó, "Últimos Testigos" fue uno de los pocos que me han hecho llorar en mi vida. Lo leí la primera semana de su rehabilitación domiciliaria y de igual manera fue la primera vez que Javier me vio llorar. A partir de ese día, y por si las dudas, no he leído nada frente a él, todos los libros que me presta me los llevo a mi habitación con Temo, con quien no me da pena lagrimear de vez en cuando.
En fin, aprovechamos estos temas en común para que la conversación a la hora de la comida nunca fallezca. Sus padres, por su parte, parecen demasiado sorprendidos de la similitud de personalidades entre nosotros. De igual manera fomentan el diálogo preguntándome por mi familia en Toluca y mi vida antes de llegar a Oaxaca.
Hoy, en lo particular, llevamos hablando casi dos horas, sin contar los treinta minutos que conversamos al tiempo que comíamos. No me sorprende que Beto se encuentre más que harto de nosotros, lo cual es obvio por la forma en que tuerce los ojos cada que parece que la conversación está llegando a su fin, pero siempre encontramos la manera de continuarla.
—No es que non me guste esta plática de la cual no formo parte —exclama finalmente Beto, en un tono notoriamente sarcástico—, pero tengo cosas más importantes que hacer.
—Siéntate, hijo, no seas maleducado —dice la señora.
—Lo siento, mamá, pero ya me harté de la conversación de este par de raritos—y a pesar de los gritos de don Javier, Beto se aleja de la mesa, dejando a sus padres claramente molestos.
—Discúlpalo, Diego —me pide su padre—, pero es a quien más le ha costado aceptar y comprender la situación de Javier.
Puedo percatarme que, a pesar de ser super amables conmigo y con Javier, ninguno de los dos es capaz de decir las palabras "gay" u "homosexual" para referirse a su hijo, ya que siempre hablan de "su situación" o cosas por el estilo.
—No hay problema, yo entiendo —exclamo—, de todas formas creo que ya duró mucho mi visita y mejor me retiro para dejarlos descansar.
Después de súplicas y más perdones, los padres de Javier me convencen a quedarme un poco más en su casa, si bien ya no en la conversación de sobremesa, sí con mi amigo, en su habitación, como es costumbre.
—¿Me ayudas a sentarme sobre la cama? —me pide. Aunque el movimiento y fluidez con las muletas es considerable, todavía le es casi imposible doblar su rodilla lesionada, por lo que actividades tan básicas como sentarse o acostarse le siguen causando problemas.
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COMENZAR DE NUEVO
FanfictionCuando Temo sufre por su amor no correspondido con Aristóteles, Diego se convierte en la única persona capaz de ayudarlo a salir de su depresión y sus crisis. Narrada desde la perspectiva de Diego, esta historia nos contará qué sucede cuando él ll...